Música y estimulación temprana: ¿qué funciona y qué no?

La música es una herramienta para transmitir emociones, pero también un instrumento para potenciar habilidades. Los niños o adultos que la practican parecen disponer de un conjunto de capacidades que los diferencian del resto.

Durante muchos años se ha mantenido una cuestión por resolver que ha sido objeto de debate entre los investigadores: ¿son los niños con mayores capacidades genéticas los que se ven atraídos por practicar música? ¿O es la propia música la que ayuda a desarrollar el potencial cerebral de los que la practican?

En el artículo de hoy indagaremos en el papel de la música como herramienta de estimulación temprana para desarrollar la inteligencia y las capacidades cognitivas en los niños. Empezaremos por el embarazo, pasaremos por la infancia y veremos los efectos de practicar música a largo plazo.

 

 Música durante el embarazo

A partir del tercer trimestre de embarazo, el feto es sensible a los sonidos. Esto nos hace pensar que escuchar música durante el embarazo podría tener algún efecto en el feto. Diversas especulaciones apuntaban a una mejora de las capacidades motoras. ¿Qué hay de cierto?

En este curioso estudio con ratas se evaluó la creación/destrucción de neuronas para 3 grupos de ratas embarazadas:

  • Grupo música: se les pone música relajante durante 1 hora al día hasta el parto.
  • Grupo ruido: se les somete a un ruido estridente durante 1 hora al día hasta el parto.
  • Grupo control: ninguna intervención.

Se analizó una región de la corteza cerebral de las crías encargada de las capacidades motoras. Este es el resultado: en el grupo música se generaron un 24% más de neuronas que en el grupo control. Nada mal. En cambio, si observamos el grupo ruido, vemos que los ratones perdieron un 30% de neuronas respecto al grupo control.

Densidad de neuronas en los tres grupos de crías de ratas (fuente)

 

No podemos afirmar que la música tenga el mismo efecto en el cerebro del feto humano. Pero tenemos motivos para creer que la música durante el embarazo es beneficiosa para el futuro niño. Cuando la madre escucha música que le gusta, se reducen sus niveles de estrés y ansiedad (estudio, estudio), desencadenantes de enfermedades en el futuro niño (revisión).

Justo el efecto contrario tiene el ruido. Sabemos que el ruido estridente (> 85 dB) prolongado durante el embarazo es una amenaza para el feto, pudiendo provocarle pérdidas de oído y alteraciones en la presión sanguínea (estudio, estudio). Aunque estos efectos se producen tras varias horas de exposición, intenta evitar ruidos intensos en la medida de lo posible.

escala de ruido db

 

Volviendo a la música, tenemos indicios de que las preferencias musicales del futuro niño podrían forjarse desde el embarazo (estudiorevisión), al igual que ocurre con las preferencias alimenticias. Tal vez estés pensando:

Podría ponerle música clásica para que vaya afinando su oído y se convierta en un niño prodigio…

Veamos si es buena idea.

 

 La falacia del efecto Mozart

En la década de los 90 se popularizó la idea de que los niños que escuchaban música clásica (Mozart en concreto) mejoraban su inteligencia espacial. De hecho, algunos estudios probaron este efecto (estudio, estudio).

Todavía hoy persiste la idea de que poner música clásica a los niños tan pronto como sea posible puede desarrollar en ellos capacidades extraordinarias.

efecto mozart musica

¿Oír a Mozart hace más listos a los niños?

 

Años más tarde, este efecto fue cuestionado. Y no porque los resultados de inteligencia espacial fueran erróneos. Los niños que oían a Mozart estaban realmente obteniendo mejores resultados en los test de inteligencia espacial. ¿Entonces? Esta mejora no la producía la música en sí, sino la consecuencia de estar bajo el efecto de una experiencia placentera.

Por ejemplo, en este estudio, varios niños británicos de 10-11 años que tenían preferencia por la música pop, fueron divididos en 2 grupos. A uno de los grupos se le puso música de Mozart y al otro grupo un tipo de música pop del momento. Después de escuchar la música durante 10 minutos, fueron sometidos a un test de inteligencia espacial.

Los niños del grupo de música pop obtuvieron mejores resultados en el test de inteligencia. El efecto Mozart se había desvanecido. Los investigadores empezaron a sospechar que tal vez la música no fuera la responsable de las mejoras en ciertas capacidades. En efecto, otros estudios ya apuntaban un resultado similar en niños con preferencias por escuchar historias en vez de música (detalle).

Entonces, ¿ponerle música clásica al niño no tiene ningún beneficio? ¡cuantas horas desperdiciadas escuchando sinfonías!

Lo cierto es que no tenemos claro si escuchar música (del estilo que sea) de forma pasiva tiene un impacto en la inteligencia a largo plazo en los niños. En cambio, sabemos que si les dejamos participar en la música activamente, la cosa cambia…

 

 Música, cerebro y genes

Algunos estudios señalan que los músicos poseen un conjunto de habilidades que los diferencian de los “no músicos”. Por ejemplo, parece que los músicos procesan mejor las variaciones de las sílabas, una habilidad para aprender otros idiomas (estudio, estudio, estudio).

También hay hipótesis que atribuyen a los que practican música mejoras cognitivas relacionadas con la capacidad de atención o de memoria (estudio).

El problema de estos estudios es que no prueban que la música sea la causante de tales capacidades, dando lugar a la gran pregunta:

¿Y si los niños que nacen más inteligentes son los que se decantan por practicar música?

Para ayudarnos a resolver este dilema tenemos los estudios de intervención. Veamos algunos de ellos.

 

Efectos de practicar música en el cerebro de bebés y niños

Este ensayo analizó 47 bebés de 9 meses y los dividió en 2 grupos: uno en el que sólo jugaban y otro en el que, además de jugar, escuchaban/practicaban música. Se sometieron a 12 sesiones (3 a la semana) de 15 minutos. Los niños del grupo de música escuchaban un vals y acompañaban los ritmos musicales con maracas o con sus pies:

 

Al finalizar las 12 sesiones, se realizó una prueba para medir las respuestas neuronales en la corteza cerebral de los dos grupos:

respuestas MEG grupos

Cuando se producía una violación del tempo, los bebés del grupo de música lo percibían con más intensidad que los del grupo de control. ¡Y esto con sólo 1 mes participando en la actividad! Tal capacidad es extrapolable al ámbito del habla, por lo que estos niños podrían tener más facilidad para hablar otros idiomas.

Además del habla, el estudio destaca que la música puede potenciar capacidades cognitivas relevantes, como la memoria o la función ejecutiva, clave para aprender a gestionar sus emociones y alcanzar sus metas.

Y estas mejoras también se observan en niños. Por ejemplo, en este estudio longitudinal, los niños de 6 años que recibieron clases de música experimentaron mayores cambios cerebrales a nivel estructural comparados con los que practicaron deporte. Y esas diferencias no se manifestaban al inicio del estudio, por lo que queda descartada la componente genética (esta revisión lo confirma).

 

 ¿Son los cambios cerebrales permanentes?

Hemos visto que practicar música cambia la estructura cerebral de los niños, pero… ¿esos cambios se mantienen en la edad adulta si la dejan de practicar?

musica y cerebro

Sabemos que practicar música en la infancia está asociado con respuestas cerebrales más intensas en la edad adulta frente a ciertos estímulos auditivos (estudio). Dicho de otra forma, las capacidades cerebrales que adquieren los niños tocando música parecen prevalecer en la edad adulta, a pesar de haber dejado de practicarla. Aunque hay muchos matices:

  • Más que la cantidad de años que el niño ha practicado música, parece más importante el momento en que la practicó. Ciertos estudios apuntan que hay un periodo sensible en el que el entrenamiento musical es especialmente efectivo. Si los niños comienzan a practicar música antes de los 7-9 años, los cambios cerebrales que se han establecido son más duraderos en el tiempo, comparado con niños que empiezan más tarde (revisión).
  • A partir de que el niño deja de tocar música, los cambios parecen permanecer muchos años después (más de 7) y empiezan a perderse las capacidades progresivamente (estudio).
  • A mayor variedad de instrumentos que ha tocado el niño, más diversidad en las capacidades que desarrolla y más probabilidad de que perduren (estudio).

Si ya estás teléfono en mano llamando a la academia de música bajo de casa, ten presente algo: estos estudios son observacionales. Para estar seguros de los efectos a largo plazo, necesitamos estudios de intervención. Sin embargo, la música es una actividad más que puede hacer que los niños disfruten y el ratio riesgo/beneficio es, sin duda, favorable. Así que, adelante con la llamada 🙂

 

 Conclusión

Que los niños escuchen música de forma pasiva tiene sus ventajas, pero sin duda lo que marca la diferencia es practicarla. Los niños que lo hacen desarrollan capacidades cerebrales que no se observan en los que no la practican. Y estas perduran años después de haberla abandonado.

Si estás pensando en llevar a tus hijos a alguna actividad, tal vez todavía tengas dudas:

¿Hay alguna actividad que potencie más su inteligencia que practicar música?

Es posible. A pesar de que hemos visto un estudio en el que la música provoca más cambios cerebrales que practicar deporte, todavía no tenemos evidencia suficiente para afirmarlo. Sin embargo, por el momento la música es una opción más que recomendable.

Algunas sugerencias:

  • Durante el embarazo, escucha música si la disfrutas. Al margen de los posibles beneficios de que la escuche el feto, tu propio disfrute se transmitirá de forma indirecta, protegiéndolo de posibles trastornos producidos por el estrés o la ansiedad.
  • Durante los primeros años de vida de tu hijo puedes dedicar un rato al día para escuchar música y ayudarle a “tocar” algún instrumento. Nosotros aporreamos el tambor y el xilófono 🙂 Puede ser beneficioso empezar pronto (antes de los 7 años) para aprovechar el “periodo sensible” en el que los cambios cerebrales son más duraderos.
  • Cuando sea más mayor, la música puede ser una actividad complementaria recomendable ya que, además de los beneficios que hemos visto, puede facilitarle el aprendizaje de nuevos idiomas.

Para terminar, más allá del aprendizaje y el desarrollo intelectual, no debemos olvidar que la música es también una actividad lúdica. Podemos pasarlo muy bien organizando conciertos en el sofá de casa 😉

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6 Comentarios

  1. Esther

    Muy buen artículo! Yo le compré a mi hija cuentos de Mozart en los que pulsas y se escuchan sus sinfonías. Ahora intentaré que de palmas al son de la música 🙂

    Responder
    • Albert

      Jaja buena idea. A mi hijo Dani le da por bailar cuando escucha a Mozart…

      Responder
  2. Joana

    Me queda una duda ! Yo soy de las que disfruta muchísimo de la música pero soy una caeré para tocar yo prefiero bailar! El baile tendría los mismos efectos en el niño? O voy comprando un piano?

    Responder
    • Albert

      ¡Hola Joana!

      Al menos para habilidades lingüísticas, parece que la música tiene mayor efecto que el baile:
      https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29884891

      En el tema de baile como impulsor del desarrollo cognitivo, no he encontrado estudios concluyentes. Hay hipótesis de que el baile (a largo plazo) puede provocar cambios estructurales en la materia gris/blanca del cerebro:
      https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25773628

      Y este estudio no encuentra diferencias cognitivas entre bailarines/no bailarines:
      https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29230170

      Ahora bien, no he encontrado estudios de intervención para asegurarlo. Lo que es seguro es que el baile tiene muchos beneficios para los niños por el hecho de hacer ejercicio y tener que coordinar sus movimientos…

      Responder
  3. Verónica

    Hola, mi nombre es Verónica Müller y soy Lic. en musicoterapia. Me pareció muy interesante el informe que armaste y te agradezco como profesional y principalmente como mamá que difundas esta información.
    Saludos,
    Verónica.

    Responder

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