Castigos en niños: ¿EN SERIO los sigues usando con tus hijos en el siglo XXI?

castigos portada

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Castigar funciona (a veces).

Pero como me gusta decir, es pan para hoy… hambre para mañana.

¿Por qué digo esto? Porque lo he visto una y otra vez.

Pero basta ya de tanta charla y vamos al lío.

Mi objetivo con este artículo es que, al acabar de leerlo (te lleva menos de 5 minutos) seas consciente de:

  • Los peligros de los castigos (y por qué nosotros en casa nunca los hemos usado)
  • Ojo a esto: los peligros de los premios (vas a flipar con la de problemas que traen)
  • Y alternativas a los castigos que usamos nosotros para que tus hijos colaboren y te hagan caso

Pinta bien, ¿no? ¡Pues vamos a ello!

 

Por qué (creo) que castigamos

Nuestros padres y abuelos ya los usaban con frecuencia:

Gritos, chantajes, amenazas, premios… y sí… castigos.

Pero eso eran otros tiempos y ahora las cosas han cambiado…

…¿O no tanto?

La realidad es que a día de hoy todavía se siguen usando estas herramientas de educación del siglo pasado (literalmente).

¿Será porque estas herramientas son efectivas? ¿Será que no tenemos otras alternativas?

Por lo que veo yo en mi entorno, la explicación es que:

  1. Las madres y padres no saben el peaje dañino que traen (enseguida lo vemos).
  2. No conocen alternativas para conseguir que sus hijos colaboren más.

Y entonces, cuando ven que la situación se escapa de su control… ¡Bum! Castigo al canto.

Voy a decir algo que es duro de asumir.

El castigo es un «fracaso» en nuestra forma de educar.

Lo siento, pero tenía que soltarlo.

De hecho, se me quedó grabada una frase de Marisa Moya, mi formadora en disciplina positiva, que decía:

El castigo es inseguridad adulta 

Y no puedo estar más de acuerdo. La situación nos sobrepasa y usamos nuestro «poder» como adultos para someter a nuestros hijos.

Es decir, la realidad es que no hemos sido capaces de conseguir que nos obedezcan por las buenas. 

¿Y cuáles son las consecuencias?

No te van a gustar…

 

La cara oculta de castigos (los problemas que no te han contado)

Imagina esta escena:

Estás en el trabajo y acabas de entregarle a tu jefe un informe con un análisis sobre la campaña de ventas de Navidad para que haga una presentación.

A la media hora, aparece tu jefe y te dice:

castigos - adulto informe
Imagen de Freepik

– ¡Que desastre! A mitad de la presentación con los inversores me he dado cuenta de que era el informe del año pasado…

– Ostras, qué raro, pues se me ha colado en el último momento.

– Ni ostras ni ostros. ¡castigada a la pared durante 10 minutos!

¿No te parece absurda esta situación? ¿A que es humillante?

Pues el problema es que esto lo hemos normalizado con los niños.

Y tú dirás…

Es que el mío lo hace a propósito, para j**er, no es un error como puede ser en mi caso.

Mira, los niños buscan constantemente nuestra aprobación.

Aunque te parezca difícil de creer…

Los niños realmente quieren «hacerlo bien», pero a veces no pueden.

Su inmadurez cerebral les hace comportarse de forma irracional (echa un ojo al artículo de las rabietas para ver el tema de su cerebro).

¿Y el castigo es una solución a esto?

Para empezar, no sé si será tu caso, pero muchas familias de mi entorno me dicen que ya ni los castigos funcionan.

Pero vamos a suponer que a ti sí te funcionan.

Vale, pues déjame darte 4 motivos por los que creo que es un error usarlos:

  • Les enseñamos que cuando alguien no hace las cosas bien, es lícito humillarle (como el ejemplo que te he puesto de tu jefe).
  • Los castigos nos desconectan de nuestros hijos y hacen mella en nuestra relación. Es como cuando éramos jóvenes (qué tiempos…) y rompías con tu pareja para luego volver. Luego la cosa no era igual, se iba rompiendo algo en la relación (lo mismo ocurre con los castigos, vamos rompiendo nuestro vínculo).
  • Producen sensación de injusticia por parte de los niños. Fomentan la ira, la rabia y sensación de venganza por su parte. Piensan… -hoy tienes tú el poder, pero ya me vengaré cuando pueda- . Sentimientos que no le ayudan nada en su desarrollo como persona, ni a ti tampoco.
  • Si les castigas puede que te hagan caso, pero no aprenden, no son instructivos, lo hacen porque no tienen salida. ¿Alternativas? Un poco más abajo 😉

En resumen…

El castigo es peligroso porque puedes lograr resultados a corto plazo pero nunca a largo plazo. Transmiten unos valores más que cuestionables y te alejan emocionalmente de tus hijos. 

 

Otra verdad incómoda: los premios son igual o más dañinos que los castigos

premios y castigos - son buenos

Que el castigo no es «la mejor solución» en la educación de nuestros hijos, posiblemente ya lo sospechabas.

Pero lo del premio, es mucho más sutil…

Yo era de los que pensaba que premiar «no era para tanto», pero a medida que he ido formándome, me he dado cuenta de que los premios son la otra cara de la misma moneda.

Premios y castigos - moneda

¿Por qué pienso esto?

Vamos a ir probando con una serie de ejemplos y reflexionamos juntos.

 

1) Premio negativo

Este sería el típico premio que se les da los niños a sabiendas de que no es muy bueno para ellos, pero les encanta.

Ejemplo:

– Si apruebas el examen de matemáticas, te compro una tablet para que veas dibujos

uso de pantallas ninos

Estaremos de acuerdo en que no es lo mejor para ellos dedicar tiempo a jugar con la tablet (aquí puedes ver más sobre los graves problemas de las pantallas).

Y no me negarás que este tipo de premios son muy usados: te compro chucherías, vamos a cenar al McDonalds, te compro un juego de la Play…

¿Ves la incongruencia de que ellos asocien como recompensa algo que es malo?

Vale, seguro que estás pensando…

– Ya, ya, pero si le premiamos con algo que le guste y sea bueno para él, si tiene sentido, ¿no?

Vamos a probar a ver:

 

2) Premio positivo

Un ejemplo:

– Si apruebas el examen de matemáticas, nos vamos de excursión a unas cuevas.

castigos niños - cuevas 2

Esta frase que a priori parece inocente, vas a flipar la de problemas que trae implícitos…

Primer problema:

¿Qué pasa, que si no aprueba, no se merece ir de excursión? ¿Y en su lugar se queda en casa tirado en el sofá?

Le estamos privando de algo que es bueno para él (y para la familia, porque no le vamos a dejar solo en casa e irnos nosotros).

Y lo segundo, estamos premiando el resultado, no el esfuerzo.

Osea, que si suspende, aunque se haya esforzado, no hay premio.

¿No tendría más sentido valorar el esfuerzo más que el resultado?

Vamos a por un tercer ejemplo, a ver qué pasa 🙂 .

 

3) Premio positivo + esfuerzo

Vamos a probar por última vez, a ver si esta es la fórmula definitiva:

– Si estudias duro para el examen de matemáticas y yo veo que te esfuerzas, nos vamos de excursión a unas cuevas.

premios niños y castigos - matematicas
Imagen de rawpixel.com en Freepik

Aquí le estás enseñando el valor del esfuerzo y no del resultado (esto es bien) pero para complacerte y conseguir algo (esto no es bien).

¿No tendría más sentido aprender que estudiar es su obligación y que tiene que hacerlo por él mismo y no por contentarnos?

Y espera, espera, que siguen los problemas:

El hecho de que tengas que ofrecerle un premio, le dice a tu hijo de forma indirecta que no confías en él, que si no se lo ofrecieras, crees que no lo haría.

Por lo que, sin quererlo, estás minando su autoestima. Le estás diciendo de forma indirecta «no confío en ti, por eso tengo que sobornarte con premios».

¿Todavía no te has convencido?

Pues entonces no me dejas más remedio que recurrir al pediatra Carlos González, que lo explica mejor que yo:

 

Entonces… ¿cuál es la alternativa al castigo?

Llegados a este punto, estaremos de acuerdo (espero 🙂 ) en que los castigos no tienen sentido.

¿Cómo actuamos entonces?

Aplicando las consecuencias naturales.

Esto es algo que hablé en su día con Daniel Bezares pero que, en ese momento, no acababa de ver 100% claro.

Se refiere a que, si ha decidido actuar en contra de nuestras recomendaciones, tiene que experimentar las consecuencias por sí solo.

Ejemplos

1. Está en la bañera jugando un poco «a lo bruto» con cubos de agua y tira uno fuera, llenando de agua el suelo. En lugar de reñirle/castigarle y limpiarlo tú, haces que salga e interrumpa «el juego» para que lo limpie.

2. Va a salir de casa y hace frío. Tú le recomiendas que coja la chaqueta, pero te dice que no. Después, sale fuera y se da cuenta de que hace frío. A la próxima vez se lo volverá a pensar.

3. Estáis en la cama contando el cuento de antes de dormir. Entonces, empieza a jugar y no hace caso. Después de advertirle (no amenazarle) varias veces para que preste atención, paras de contárselo.

Realmente, el aprendizaje está en la experimentación.

Esto es algo que la ciencia ha probado una y otra vez.

Es mucho más útil para ellos (y para nosotros) aprender con sus errores que siguiendo con fe ciega lo que nos dicen los demás.

Pero claro, esto que te cuento tampoco vale.

Aquí no se trata de poner las normas de forma unilateral y si no las cumple, que asuma las consecuencias.

No.

La idea es establecer unas normas conjuntas que eviten que tengas que usar el castigo (o los chantajes, amenazas etc.).

Hay unos puntos que se tratan en disciplina positiva que tienen que cumplirse para que una medida que tomes NO sea un castigo.

Antes de «cagarla» con lo que vayas a hacer, comprueba que la medida que vayas a tomar cumple con esto:

  • Que esté avisado de antemano (avísale con tiempo antes de tomar la medida, que no sea algo improvisado)
  • Que la norma se haya establecido en conjunto (si el niño participa en la elaboración de la norma, suele aceptarla mejor).
  • Que sea proporcional (no dejarle una semana sin salir por no acabarse el postre, sería desproporcionado).
  • Que esté relacionada con la acción (si no ordena su habitación no tiene sentido castigarle sin salir. Tiene más sentido que no se la limpies, por ejemplo, para que vea la consecuencia).

¿Entiendes un poco por dónde van los tiros?

Ejemplo

Tú le has explicado previamente que, antes de dormir, nos tenemos que poner el pijama y él está de acuerdo.

 Está avisado de antemano.

 Y la norma se ha establecido en conjunto. 

Ya hemos cumplido 2 de los puntos anteriores, vamos bien.

Aún así, un día llega cansado y no se quiere ponerse el pijama para dormir.

¿Qué hacemos? Lo ideal sería haber tratado esto con él antes (haber hablado qué pasa si un día no quiere ponerse el pijama). Pero supongamos que no lo hemos hecho.

En este caso, para que no sea un castigo, tiene que ser algo relacionado y proporcional.

Por ejemplo, podría ser que no puede subir a la cama con la ropa de calle porque se ensucia.

 Es algo relacionado (es decir, no le prohibimos tomar postre o jugar etc., sino que es una medida directamente relacionada)

 Y es algo proporcional (es decir, no le estamos diciendo que estará una semana sin poder subir a la cama). 

Después, ya sería gestionar cómo encaja esta medida y actuar con firmeza y amabilidad, como vimos aquí o aquí.

 

¿No ves claro cómo hacerlo en casa? Deja que alguien te ayude

Si todo esto se te hace difícil de implementar, permíteme un consejo.

No pierdas el tiempo haciendo cursillos de crianza respetuosa. A ver, no me malinterpretes, hay muchos cursos que están bien.

Pero, en mi experiencia, se suelen quedar cojos en la parte práctica y de acompañamiento. Y sí, las familias ven algunos cambios, pero al tiempo las cosas vuelven a desmadrarse.

En mi caso, te recomiendo que te pongas en manos de la persona que me abrió las puertas de este enfoque, por la que ya han pasado muchos amigos y conocidos (y centenares de familias).

Es Daniel Bezares y su equipo desAprendo.

Si todavía no le conoces, echa un ojo a este vídeo de menos de 20 minutos donde te cuenta cómo tener más paz en casa:

daniel bezares nueva mc

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