Disciplina positiva: qué es y 9 ejemplos para aplicar desde ya

disciplina positiva - gafas

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«La crianza es algo muy sencillo y los padres de hoy en día se complican en exceso.»

Si alguien te ha dicho alguna vez esta frase, permíteme un consejo: desconfía.

Si te involucras en la crianza de tus hijos, encontrarás pocos retos más desafiantes. De hecho, cada vez oigo a más madres y padres decir que criar a sus hijos es el mayor desafío al que se han enfrentado en la vida.

Y no puedo estar más de acuerdo.

Todos (¡todos!) vivimos momentos de tensión y conflicto en casa. Momentos que nos sacan de nuestras casillas y que se prolongan más de lo que nos gustaría. Tratamos por todos los medios de reducir las peleas y de tener buena conexión con nuestros hijos pero no siempre lo conseguimos…

Hasta que te encuentras con algo que lo cambia todo.

Cuando descubres las claves de la Disciplina Positiva, tu visión sobre la crianza cambia por completo. Es como si te hubieras cambiado unas gafas con las que veías borroso por otras con las que ves nítido. No hay color.

Lo que más sorprende de la Disciplina Positiva es que los gritos, los castigos, los premios, las amenazas o los chantajes no tienen cabida.

Puede que estés pensando…

¿Sin gritos, premios ni castigos? ¡Así sólo criaremos niños malcriados acostumbrados a hacer siempre lo que quieran!

Yo también pensaba lo mismo. Parece una utopía pensar que luego tus hijos sean adultos responsables y resolutivos, ¿verdad?

En el artículo de hoy veremos qué es la Disciplina Positiva, por qué los castigos/premios tienen poco sentido, herramientas para aplicar en tu día a día y ejemplos prácticos.

¡Vamos allá!

Aviso importante
Si no tienes la mente abierta a nuevos enfoques de crianza y crees que lo sabes todo, te recomiendo que dejes de leer el artículo ahora mismo. De lo contrario, lo que descubras podría generarte un importante conflicto interno.

Pregunta obligada: ¿de dónde ha salido la Disciplina Positiva?

Esta fue la pregunta que me hice al verlo por todas partes. ¿Será algo tan revolucionario como lo pintan?

Después de estudiarlo más a fondo, te digo lo que pienso: sí, lo es. Hasta el punto de que casi todas las respuestas automáticas que tenemos hacia nuestros hijos no sólo no les benefician, sino que les perjudican. Puedes pensar que exagero, pero a lo largo de este artículo cambiarás de parecer.

Al igual que otras filosofías de crianza que ahora están tan de moda, como Montessori, las bases de la Disciplina Positiva fueron concebidas hace más de 100 años por el psiquiatra austríaco Alfred Adler y por su colaborador Rudolf Dreikurs, también psiquiatra y educador.

Años más tarde, la educadora y doctora en psicóloga Jane Nelsen, harta de batallar con sus 5 hijos por los típicos conflictos diarios (peleas entre hermanos, juguetes por recoger, comportamientos desafiantes…) rescató los principios de Adler y Dreikurs. Y gracias a la ayuda de la educadora Lynn Lott y a otros formadores, desarrolló el primer manual de Disciplina Positiva en la década de los 80 (¡ha llovido!).

Este manual ha ido evolucionando con nuevos descubrimientos hasta convertirse, a día de hoy, en un referente tanto para padres como para educadores.

Esta es una de sus frases más conocidas y que transmite la esencia de la Disciplina Positiva:

jane nelsen - disciplina positiva 2

Si no acabas de entender bien a qué se refería Jane, presta atención al siguiente punto…

Las 2 necesidades humanas que explican el comportamiento de los niños: pertenencia y contribución

Las investigaciones de los psiquiatras Adler y Dreikurs les llevaron a formularse una pregunta que sentó las bases de la actual Disciplina Positiva.

¿Qué es lo que necesitamos todas las personas en este mundo para sentirnos bien?

Estas fueron sus conclusiones:

1. Sentimiento de pertenencia. Pertenecer a un grupo que garantice nuestra supervivencia.

2. Sentimiento de contribución. Sentir que pueden contribuir en el grupo, que su opinión es escuchada y que pueden ayudar a los demás con sus aportaciones.

En el caso de los niños, el sentimiento de pertenencia consiste en asegurarse de que tienen cerca a alguien que se ocupe de satisfacer sus necesidades (afecto, alimento, protección etc.) y garantizar su supervivencia.

Bien, pues detrás de esto se esconde algo muy potente. Y es que el «mal comportamiento» que tienen los niños es la mejor forma que encuentran de decirnos que:

  • Sienten peligrar su supervivencia (no saben si les sigues queriendo y si podrás o no satisfacer sus necesidades).
  • Creen que no les tenemos en cuenta, que su opinión no nos importa (no se sienten parte de un grupo social en el que pueden aportar y sentirse útiles).

Cuando un niño no se siente «visto» y siente que su opinión no cuenta, puede llegar a pensar que no le quieres (te puede parecer absurdo, pero para ellos tu amor incondicional no es algo que tengan interiorizado).

Y, en estos casos, los niños suelen actuar de «malas maneras», reclamando tu atención de forma desmedida (puede gritar, llorar, amenazarte, ignorarte etc.). De igual forma cuando te pide algo y no se lo concedes. Puede llegar a pensar que no te importa.

disciplina positiva - niño gritando

Entender esto es clave para descifrar el comportamiento de nuestros hijos.

El problema es que esto puede generar un bucle muy negativo. Si nuestra reacción está plagada de amenazas o reproches…

¡Qué pesado eres, no me dejas ni un segundo tranquilo!

¡Si no dejas de gritar, castigado a tu cuarto!

… NO estamos satisfaciendo sus necesidades primarias (pertenencia y contribución) y, cuando esto se repite, acabas por deteriorar su relación contigo:

disciplina positiva - mal comportamiento

Ahora que ya sabes que su mal comportamiento suele venir de esas dudas y miedos acerca de tu amor por él o de que no le tienes en cuenta, te invito a que pienses algo por un momento:

¿Cómo cambiaría tu reacción si, en lugar de patalear y gritar, tu hijo se acercara a ti y te dijera:

«Sólo quiero captar tu atención para saber si me sigues queriendo, porque no lo tengo claro…».

¿Podrías hablarle con gritos y amenazas? Apuesto a que no.

Por eso, a partir de ahora, piensa que cuando tu hijo se «porte mal», necesita saber que estás ahí y que su opinión es importante para ti.

Ok, estarás pensando. ¿Entonces tenemos que dejar que se comporte así y no hacer nada? ¿Ignorarlo? ¿Dejar que se salga con la suya? NO.

En los siguientes apartados veremos cómo actuar. Pero antes vamos a pararnos a reflexionar algo importante…

La pregunta que todos los padres deberíamos hacernos: ¿qué tipo de adultos queremos que sean nuestros hijos?

Es una pregunta que te puede parecer obvia, pero párate a pensarla por un momento.

Por lo general, todos los padres nos esforzamos por criar de la mejor manera a nuestros hijos y aspiramos a que de mayores sean adultos:

  • Independientes y autónomos
  • Estables emocionalmente
  • Seguros de sí mismos
  • Generosos y empáticos
  • Colaborativos
  • Humildes
  • Congruentes
  • Cariñosos
  • Luchadores
  • Con espíritu crítico
  • Inteligentes
  • Honestos
  • Sin miedo a expresar sus ideas
  • Etc.

Estoy seguro de que la lista se te hace corta 🙂

Y ahora, piensa si las cosas que estás haciendo a día de hoy con tus hijos van en la dirección de trabajar esas cualidades. Por ejemplo:

  • Para que sean autónomos, tenemos que darles responsabilidades. ¿Dejas que se vistan solos, que pongan la mesa, que te ayuden a cocinar etc. o lo haces todo tú para ganar tiempo?
  • Para que sean respetuosos, tienen que vivir en un ambiente de respeto. ¿Les gritas o les amenazas a menudo si no hacen lo que les pides (comer, lavarse las manos, recoger sus juguetes…)?
  • Para que sean empáticos, tenemos que ponernos en su lugar y entender sus necesidades: ¿Le dices «basta ya de tele» y se la apagas sin mediar palabra?
  • Para que sean seguros de si mismos, tenemos que generar un buen autoconcepto: ¿Le dices que es un vago y que nunca hace lo que debe? ¿Le dices que es un maleducado? (Aunque sea con otras palabras)
  • Etc.

¿Me sigues? Te pongo un símil:

Imagina que te propones cuidar tu salud con dieta y deporte. Pero, en lugar de alimentarte de forma saludable y de hacer ejercicio, comes todos los días en el McDonald’s y pasas las tardes en casa viendo Netflix. No sólo no te estás acercando a tu objetivo, sino que cada día estás más lejos. ¿verdad?

disciplina positiva - rumbo opuesto

Pues eso es lo que hacemos a diario los padres. Queremos que nuestros hijos sean de una forma pero actuamos para que acaben siendo lo opuesto.

¿O qué crees que suele pasar cuando te están diciendo constantemente «no hagas esto», «eres un vago», «haz lo que te digo», «eres un desastre»…? Cuando tu jefe o alguien te habla así, ¿te sientes más motivado o te vienes abajo? Lo más probable es que pierdas la confianza en tus capacidades y dejes de pensar por ti mismo. Buscas la aprobación externa porque tu criterio deja de importar.

Como habrás deducido, nosotros somos sus referentes, las personas de las que aprenden los valores que forjarán su personalidad adulta.

Entonces… ¿Crees que es tu hijo el que debe cambiar su comportamiento o eres tú?

Por qué cambiar el foco en tu forma de educar

Marisa Moya, la referente de Disciplina Positiva en España, dice algo que deberíamos grabarnos a fuego:

Si queremos ver resultados favorables en la conducta de nuestros hijos debemos dejar de centrarnos en que cambien ellos. El foco debe apuntarnos a nosotros.

¿Por qué? Porque nosotros tenemos algo que ellos no tienen: un cerebro maduro (al menos en la mayoría de casos 😉 ), con su parte racional bien integrada. Una representación muy simplificada del cerebro humano podría ser esta:

el cerebro del niño - superior-inferior3

Hasta pasados los 3 años de edad, los niños no tienen desarrollada la parte racional que les permite frenar ciertos comportamientos impulsivos que van en contra de las normas sociales (detalle). Y la corteza cerebral no acaba de formarse hasta pasados más de 20 años… ¿Entiendes quién es el que tiene que aportar cordura y racionalidad? Exacto, tú.

¿Y sabes cómo puedes ayudar en el proceso? Con tu propio comportamiento, por el efecto de las neuronas espejo, que hacen que los niños imiten lo que haces, definiendo así sus conexiones neuronales (estudio).

Consejo
Si quieres profundizar en todo el tema del cerebro de los niños y descubrir algunas claves para potenciar su desarrollo, no te pierdas este artículo.

Por eso, la Disciplina Positiva propone un cambio de foco. En lugar de centrarnos en tratar de cambiar la conducta de nuestros hijos únicamente, vamos primero a vernos a nosotros mismos: ¿cómo debería tratarle o comportarme con él para que acabe siendo el adulto que quiero que sea?

Piensa que los niños nacen con un fuerte sentimiento de inferioridad: son más pequeños que nosotros, más débiles, entienden menos el mundo, está todo adaptado a los adultos… Para compensar este sentimiento y sentar unas buenas bases en su desarrollo psicológico, tenemos que mostrarles amor incondicional, afecto y confianza.

Una frase que suele decirse mucho en Disciplina Positiva: primero conexión y después corrección.

Es decir, antes de intentar corregir el comportamiento de tu hijo, tienes que empatizar con él a través de la conexión emocional. Sólo si haces esa conexión emocional (diciéndole que le entiendes, hablándole de sus sentimientos y mostrando afecto) conseguirás un canal de comunicación para que te escuche. De otro modo, su cerebro estará preso de la amígdala que tendrá secuestrada su (inmadura) parte racional.

Si no te queda claro, enseguida veremos ejemplos concretos 😉

Por si fuera poco, algunos estudios con resonancia magnética cerebral sugieren que un enfoque de crianza basado en los principios de la Disciplina Positiva protege a los niños de los efectos del estrés tóxico en su cerebro. No sólo ayuda a tener un cerebro «más saludable», sino que reduce la probabilidad de desarrollar anomalías cerebrales relacionadas con el estrés.

Llegados a este punto, es el momento de abordar los 2 temas que más dudas generan en Disciplina Positiva: los premios y los castigos.

Los castigos funcionan, pero no como crees

disciplina positiva - castigos

Si sigues portándote así, nos vamos a casa. 

¡Te he dicho que me hagas caso o te quedas sin postre! 

¡Castigado sin salir de casa hasta mañana!

Los castigos funcionan en muchas ocasiones. Sí.

A corto plazo, es una herramienta que da resultados (los niños te obedecen por miedo a las represalias). Pero seguro que las consecuencias a largo plazo no te gustan tanto…

Imagínate que haces algo mal en el trabajo y tu jefe te dice delante de todos que te vayas a un rincón de la oficina a pensar en lo que has hecho y que vuelvas cuando hayas reflexionado. ¿Cómo te sentaría? Lo más probable es que afloren en ti estos sentimientos:

  • Resentimiento (sentimiento de rabia y dolor por haber sido tratado así).
  • Generan en ti un autoconcepto negativo (tal vez tenga razón y me merezca ser castigado porque soy un desastre).
  • Venganza, porque consideras que ha sido injusto contigo (algún día este ca**ón me las pagará).

¿Te parecen sentimientos positivos? ¿Te animan a mejorar o te desalientan?

Pues lo mismo ocurre con los niños (con el agravante de que su cerebro es mucho más emocional y no pueden darle una visión tan racional como la nuestra).

Los niños quieren hacerlo bien, lo mejor que pueden, pero muchas veces no saben cómo. Su inmaduro cerebro les hace comportarse de forma irracional para nosotros y, en lugar de mostrarnos comprensivos con ellos, les humillamos castigándoles.

Nota: sobra decir que los padres queremos lo mejor para nuestros hijos. Actuamos de cierta forma porque entendemos que es lo mejor para ellos o porque no tenemos más recursos.

La realidad es que con el castigo no estamos resolviendo el problema (el por qué se ha comportado así) sino que estamos poniendo un parche. Es como cuando tienes el colesterol alto y, en lugar de hacer hincapié en que comas mejor y hagas ejercicio, te recomiendan tomar una pastilla. Durante un tiempo volverá a bajar pero, si no has cambiado tus hábitos, ese colesterol aparecerá en cuanto dejes de tomarla.

Los premios: la otra cara de la moneda

disciplina positiva - premios

Si te portas bien, te daré helado de postre. 

Si acabas los deberes, podrás salir a jugar con tus amigos.

Si apruebas los exámenes, te compraré el juguete que quieres. 

Si lo piensas, la estrategia detrás de los premios es muy similar a la de los castigos, pero en lugar de amenazarles, estamos sobornándoles, esperando que hagan algo que nos interesa (o que vemos bueno para ellos) a cambio de una recompensa.

Pero con los premios estamos haciendo que nuestros hijos hagan las cosas por complacernos, no por su propia motivación interna.

¿Quieres que tu hijo haga las cosas para tenerte contento o porque entiende que son su responsabilidad y que son buenas para él o para el grupo? Si tratas de hacer lo primero, ten por seguro que, cuando no estés controlándole, hará lo opuesto a lo que quieres que haga. Es una de las consecuencias del control, que incita a la rebelión.

Algo muy relacionado con los premios son los elogios que tan inocentemente decimos.

Elogiar es una forma de premiar de forma «no material». Es decir, les premias con tu aprobación. Piensa por ejemplo, en la diferencia que implica «motivar» con respecto a elogiar:

Elogiar Motivar
Qué contento estoy de que hayas ordenado tus juguetes (te adueñas de su logro) Debes estar súper contento con lo ordenados que están tus juguetes (le das el protagonismo al niño)
Es que eres un niño tan bueno… (centrado en la persona) Has sido muy honesto con tus amigos (centrado en la acción concreta)
Te ha quedado genial el dibujo de la casa, casi como te dije que lo hicieras (las cosas están bien si las hace como tú quieres)  Te has esforzado mucho y cada vez te sale mejor (lo importante es el esfuerzo, no el resultado)

Como dice Marisa Moya:

El efecto a largo plazo de la motivación es favorecer la confianza en uno mismo. El efecto a largo plazo de los elogios es favorecer la dependencia en los demás.Marisa Moya

Reconozco que este punto es muy complicado de implementar porque se nos escapan halagos a nuestros hijos sin darnos cuenta (a mí el primero 🙂 ).

Vale, si los castigos y los premios no funcionan y no desarrollan las cualidades que queremos para nuestros hijos… ¿Cuál es la alternativa?

Si los premios y los castigos no funcionan… ¿Entonces qué?

Si hay 2 palabras que representan a la Disciplina Positiva y que deberías «tatuarte» son:

  • Firmeza.
  • Amabilidad.

Ante casi cualquier conflicto que tengas en casa, si actúas de esas 2 formas combinadas, tienes buena parte del camino hecho.

disciplina positiva - firmezaFIRMEZA. La firmeza implica ser fiel a tu palabra y a tus decisiones. Si le has dicho algo a tu hijo, debes cumplirlo. Por ejemplo, si le has dicho «hoy tienes que bañarte», luego no puedes ceder a su negativa «Es que estoy cansado» y decir «Ok, lo dejamos para mañana» porque tu palabra se devalúa.

Y no sólo se aplica para situaciones comprometidas, sino para cualquier situación del día a día. La firmeza tiene que ver con ser congruente con tus palabras.

Por ejemplo, si le dices que cuando se acabe la cena le vas a contar un cuento, no puedes faltar a tu palabra. Si no, tu hijo interpreta que «dices una cosa pero haces otra». Por lo que, cuando le digas que haga tal cosa u otra, no te va a tomar en serio.

OJO: No se trata de que tu decisión sea inamovible. Puedes ser flexible siempre que la situación lo permita. Pero no puedes ceder sistemáticamente. Debes ser congruente.

Además, la firmeza también implica ser exigentes con las normas. En cada casa se establecen unas normas de convivencia que todos debemos cumplir, unos límites de respeto que no deben rebasarse. Por ejemplo: no se puede gritar ni pegar. Esto no quiere decir que estos comportamientos no se produzcan (si no viviríamos en la casa de la pradera) pero, cuando haya un conflicto, debemos responder con firmeza (más adelante veremos ejemplos).

¿Sólo con firmeza? No, con firmeza y amabilidad. Ahí está la clave.

disciplina positiva - amabilidadAMABILIDAD. Si sólo aplicamos la firmeza, podemos pecar de autoritarismo y perder vínculo emocional. Para eso necesitamos equilibrar la balanza con amabilidad. ¿Cómo se aplica? Retomando el ejemplo de la bañera de antes, en lugar de decirle: «Hoy te bañas y punto» debes mostrarte empático con sus emociones y cariñoso. Por ejemplo: te agachas, le miras a la cara, le coges la mano y le dices: «entiendo que estés cansado y que no quieras bañarte. Pero recuerda que ayer dijiste que hoy te bañarías. ¿Crees que si metemos esos monstruos de goma se hundirán? ¡Vamos a comprobarlo, corre!».

En los siguientes apartados veremos más situaciones como esta para ver cómo puedes aplicar la amabilidad y la firmeza a la vez.

¿Qué tipo de líder quieres ser para tus hijos?

Para entender mejor el enfoque que propone la Disciplina Positiva, puede serte de utilidad echar un ojo a los diferentes estilos de crianza.

Cada madre y cada padre tiene su propio estilo de criar. Pero, si pudiéramos simplificar todos los estilos y agruparlos en 4 tipos, serían los siguientes:

disciplina positiva - tipos de crianza

La mayoría de padres que son autoritarios recurren a premios, castigos, chantajes, amenazas etc. porque conocen los problemas de la permisividad y creen que lo mejor para criar unos adultos responsables y seguros es fijar muchos límites:

«Se hace así porque lo digo yo. Y punto»

Y ya hemos visto los problemas que genera este tipo de crianza.

Dato curioso
Ciertos estudios muestran que los niños con problemas de conducta (que se «portan mal» y se resisten a colaborar) tienen más probabilidades de mejorarla si sus padres pasan de una crianza autoritaria a otra basada en Disciplina Positiva.

Sin embargo, otros padres se van al extremo opuesto, la permisividad. Y es igual o más peligrosa que el autoritarismo.

Como han sufrido una crianza autoritaria, creen que lo mejor es que «los niños hagan lo que quieran», que no haya límites. Esto desemboca en lo que algunos llaman «niños tiranos», poco acostumbrados a que se les lleve la contraria, que se creen el ombligo del mundo y que luego tienen serios problemas en sus relaciones sociales.

disciplina positiva - permisividad

La Disciplina Positiva se sitúa en el punto medio entre el autoritarismo y la permisividad, en lo que se conoce como Autoritarismo Democrático. Ya sabes cómo: firmeza y amabilidad a partes iguales. Los padres se convierten en líderes a los que sus hijos respetan, quieren y confían en sus decisiones.

¿Quieres ser un líder autoritario y temido al que sus hijos obedezcan por miedo, sin estar convencidos de lo que propone? ¿O te gustaría ser un líder al que sus hijos siguen porque confían en sus decisiones y respetan?

Si no te gusta cómo están las cosas en casa, está en tu mano cambiarlas. No importa de dónde vengas, si del autoritarismo o de la permisividad. A partir de hoy, puedes empezar a trabajar para ser ese líder que tus hijos necesitan.

Vamos a ponernos manos a la obra.

9 herramientas y ejemplos cotidianos de Disciplina Positiva

No nos engañemos. Los padres queremos herramientas que funcionen, que reduzcan los conflictos en casa y que mejoren la relación con nuestros hijos.

Entonces, algunos empiezan a probar algunos «trucos» de esos que han escuchado sobre Disciplina Positiva. Y… ¡Sorpresa! Dicen que no funcionan. ¿Por qué ocurre esto? Por varios motivos.

  • En primer lugar, se han comportado durante años aplicando castigos, premios, chantajes etc. y es imposible cambiar de la noche a la mañana la imagen que tienen sus hijos de ellos.
  • En segundo lugar, es muy posible que hayan aprendido algún truco, sí, pero es habitual que no hayan entendido bien las bases de la Disciplina Positiva, es decir, algunas de las cosas que hemos mencionado antes. Y sin las bases, las herramientas se quedan cojas. Son papel mojado.

Por eso, desde la Disciplina Positiva se insiste mucho en que las herramientas no deberían ser el foco principal. Deben utilizarse una vez los principios estén claros: cuál es la naturaleza de los niños, por qué se comportan como lo hacen, por qué aplicar la firmeza y la amabilidad etc.

Dicho esto, si has llegado hasta aquí, es que vas en serio con esto de la Disciplina Positiva 🙂

Así que ha llegado el momento de que veamos las 9 herramientas (con ejemplos) que más me han impactado y que hemos utilizado en casa con muy buenos resultados. Si has interiorizado los principios anteriores, te aseguro que funcionan.

  1. Informa de lo que está por venir

Este punto lo cambia todo… ¿Cuántas veces has salido de casa corriendo, te has llevado a tus hijos de la mano, los has metido en el coche y no les has dicho ni a dónde vais?

Esto, además de no ser muy respetuoso porque no lo estás involucrando en la vida familiar, puede acarrear problemas, como por ejemplo, que ponga resistencia a hacer lo que está previsto porque no estaba mentalizado.

EJEMPLO: La hora del baño

disciplina positiva ejemplos-baño

Repuesta convencional:

– Vamos Dani, es hora de bañarse.

– ¿Hoy? No me apetece… ¡Quiero seguir jugando y tengo hambre!

– ¡Venga, que no tenemos todo el día! Si quieres cenar, antes a la ducha. 

– ¡No quieroooo!

Repuesta DP:

– Esta tarde toca baño Dani, ¿recuerdas? (Se lo dices por la mañana).

– Sí… (lo ideal es que hayáis hecho entre todos un calendario de baño para que sea consciente de la forma más anticipada posible). 

(Llega la tarde…).

– Bueno, llegó la hora del baño. ¿Te acuerdas que lo hemos dicho esta mañana? 

– Sí, pero… Es que estoy cansado y tengo hambre…

– Lo sé, yo también (empatizas con sus sentimientos y le predispones a colaborar). Me cuesta ducharme cuando estoy cansada… Por eso hoy lo haremos muy rápido. 

– Vaaleee. 

Luego vendrá el problema de que no querrá salir 😉

  2. Si lo que le vas a decir no te atreverías a decírselo a un adulto, no se lo digas

Esta es una de las formas más rápidas de saber si lo que vas a decir cumple con las bases de la Disciplina Positiva.

Lo que estás a punto de decirle a tu hijo… ¿Serías capaz de decírselo a un adulto? Si no es así, es muy probable que vayas a meter la pata.

EJEMPLO: Comer las verduras

Disciplina positiva ejemplos 4

Repuesta convencional:

– Hasta que no te acabes las verduras no te levantes de la silla. Y si no te la comes hoy, la tendrás mañana en el desayuno.

– ¡Me da igual! ¡No me las voy a comer! ¡No me gustan!

– Bueno, pues de la silla no te vas a mover hasta que te lo diga. 

Repuesta DP:

– ¿Por qué no quieres comerte la verdura? (Te preocupas por sus emociones primero).

– No me apetece, es que no me gustan mucho…

(Y aquí puedes preguntarle si las prefiere en otro formato, para llegar juntos a una solución).

– ¿Te parece que les pongamos trozos de jamón o queso por encima?

– ¡Con queso por encima sí!

Si nada de lo anterior le convence, tenéis que llegar a acuerdos. En este caso, sería importante concienciarle de lo necesarias que son las verduras (para ser fuertes y grandes, como los papis) y establecer CON ÉL un calendario de comidas para que sepa de antemano cuándo hay verduras (recuerda la importancia de avisarles de lo que está por venir y de involucrarles en las decisiones para que estén predispuestos a colaborar).

Nota: Si quieres conocer algunos trucos para que tus hijos coman más verduras, no te pierdas este artículo.

  3. Propón opciones limitadas

Esta es una de mis favoritas.

Consiste en que le des a elegir entre diferentes opciones que sean válidas como solución. Todas tienen que ser elegibles (no vale que luego le digas que su elección no es posible).

Ya sabes que cuando les dejas decidir a ellos, les estás enviado un mensaje de pertenencia, de que son importantes y de que su opinión cuenta. De nuevo, no se trata de que elijan lo que les de la gana, sino que lo hagan entre un abanico limitado que tú has pensado.

Además, como veíamos en este artículo, estas favoreciendo la función ejecutiva del cerebro, potenciando su desarrollo cognitivo.

EJEMPLO: Hay que irse del parque

Disciplina positiva ejemplos 3

Repuesta convencional:

– Vamos Dani, que ya es tarde y tenemos que ir al supermercado.

– ¡No quieroooo, quiero quedarme en el parque más rato!

– Que no, vámonos ya que es muy tarde y nos van a cerrar el supermercado. ¡No me enfades!

Repuesta DP:

– Dani, recuerda que tenemos prisa, nos tenemos que ir ya (antes le habías avisado de que tenéis que ir al supermercado).

– Joo… Pero yo me quiero quedar más rato…

– Lo sé cariño, yo también me lo estoy pasando genial, pero tenemos que ir al supermercado para comprar la comida. (Ejemplo de amabilidad y firmeza) ¿Nos vamos ya del parque o prefieres tirarte una vez más del tobogán?

– Mmm… ¡Prefiero tirarme del tobogán una vez más! (ahora ya sabe que después del tobogán toca irse y lo ha decidido él, por lo que es más probable que luego colabore).

Otro caso que nos funciona bastante bien cuando llegamos tarde al cole y que está relacionado con opciones limitadas:

(Cuando ya estamos vestidos y listos para ir al cole, pero está jugando con sus muñecos y tiene pinta de no querer moverse).

– Dani, ¿qué muñeco quieres llevarte al cole? (Damos por hecho que nos vamos al cole y le animamos a que elija algo en concreto. Eligiendo ese algo, está aceptando de forma subconsciente que vamos al cole). 

– Mmm, ¡el monstruo verde!

– Ok, cógelo corre, y así le enseñamos al monstruo el parque que hay antes de llegar (también metemos algo de juego).

  4. Aplica el juego y el humor

Cuando quieres transmitirle alguna enseñanza a tu hijo o quieres que haga alguna tarea, los niños suelen prestar especial atención al humor y al juego. De hecho, el juego es la forma que tienen de aprender.

EJEMPLO: Hay que ordenar los juguetes

Disciplina positiva ejemplos 1

Repuesta convencional:

– ¿Qué te tengo dicho de los juguetes? Que los recojas cuando los acabes de utilizar… ¡Siempre igual!

– Pues ahora no quiero, después.

– ¡Que no! Ahora mismo, o los guardamos todos y ya no juegas más.

Repuesta DP:

– Con todos los juguetes por medio es imposible jugar bien. ¿Te parece que hagamos un tren con los que ya no vamos a jugar y después los vamos dejando en su caja/cajón como si fuera su estación? Mira cómo lo hago (Y le haces un ejemplo todo lo exagerado que puedas: chuuuu chuuuu).

– ¡Espera, que yo también quiero hacerlo! ¡Que sale mi tren, chu chu!

A nosotros también nos va muy bien hacer una carrera por equipos y que cada uno se encargue de guardar unos juguetes. Le suele motivar mucho 🙂

También podéis acordar una norma que sea: para sacar juguetes nuevos, tenemos que guardar los que están fuera porque sino se mezclan y nos molestan para jugar. Este tipo de normas, lo ideal es que sean por consenso. Para ello, puedes mostrarle al niño la problemática y preguntarle por posibles soluciones. Por ejemplo:

– Dani, menudo desastre de juguetes hay por el suelo, así no podemos jugar bien. ¿Qué podríamos hacer?

– Pues… No sé. Guardarlos para que no molesten (si no se le ocurre, se lo puedes sugerir tú).

– ¡Estoy de acuerdo! Para que no nos vuelva a pasar y poder jugar mejor, ¿te parece que pongamos la regla de sacar nuevos juguetes cuando los demás se hayan guardado?

– Vale, ¿pero lo haremos los dos?

– Sí, yo te ayudaré al principio.

  5. Pregunta antes de acusar

Como veíamos antes, las ordenes y acusaciones son propias del autoritarismo y no suelen dar buen resultado (al menos a largo plazo) si queremos que su conducta cambie.

La mejor forma de conseguir cooperación en nuestros hijos es involucrarles en las soluciones. En este sentido, las preguntas de curiosidad son buenísimas para la resolución de problemas. ¿Por qué? Porque cuando alguien llega a una conclusión por sí mismo en lugar de que se la impongan, integra mejor el aprendizaje y se abre a colaborar.

EJEMPLO: Ha pegado a otro niño

Disciplina positiva ejemplos 2

Repuesta convencional:

– «¡Muy mal, no se pega! ¡Ves ahora mismo a pedirle perdón y nos vamos a casa!

– ¡No quiero! ¡No me ha dejado el juguete!

– Ale, pues andando para casa castigado.

Respuesta DP:

Si estamos delante, cogemos al niño para evitar que siga pegando. Después, aplicamos preguntas de curiosidad:

– ¿Qué ha pasado Dani, por qué le has pegado al nene?

– Porque quería que me dejara el juguete pero él no quería…

(Ahora generamos empatía, así el niño se siente escuchado y atendemos a su parte emocional)

– Ya, es que a ti te gusta mucho ese juguete y querías jugar solo un ratito, ¿verdad?

– Sí, luego se lo devolvía…

(Ahora ya podemos hablarle desde la parte más racional al respecto de lo que ha hecho porque hemos conectado con su parte emocional)

– Pero claro, cuando le has pegado le has hecho daño, ¿verdad? Y por eso se ha puesto a llorar. Cuando te ha pegado a ti otro nene, ¿cómo te has sentido?

– Mal, no me gusta que me peguen.

(Ahora dale la oportunidad de que llegue él a una solución por sí mismo)

– Claro que no, a nadie nos gusta que nos peguen. ¿Qué podrías haber hecho en lugar de pegarle?

– Pues, no lo sé… ¿Dejarle un juguete mío? (Si no se le ocurre, puedes sugerirle ideas)

– Por ejemplo. O pedírselo por favor. Pero hay veces que no te lo dejarán, igual que hay veces que tú tampoco quieres dejar tus juguetes. Puedes jugar a otra cosa o pedírselo más adelante.

– Vale…

(Una buena forma de acabar es con un beso y un abrazo 🙂 ).

Nota: la situación no va a ser tan idílica como te la he planteado. Piensa que, cuando el niño esté en plena rabieta, te puede costar un rato conectar con él y que se relaje. No tengas prisa por resolver el conflicto, consuélale si está muy cabreado y luego ya razonarás. Recuerda: conexión antes que corrección.

  6. Deja que hagan las cosas ellos, pero enséñales cómo

Solemos cometer el error de pretender que nuestros hijos hagan una tarea por el simple hecho de decírselo.

La Disciplina Positiva es consciente de que esto no funciona. Y por eso propone una estrategia basada en 4 pasos:

PASO 1: Hazlo tú y que tu hijo vea cómo lo haces.

PASO 2: Hazlo tú y que tu hijo te ayude.

PASO 3: Que lo haga tu hijo y tú le ayudas.

PASO 4: Que lo haga tu hijo y tú le miras.

EJEMPLO: Ordenar su cuarto

disciplina positiva ejemplos - cuarto

Repuesta convencional:

– ¿Cuántas veces tengo que decirte que guardes la ropa de tu cuarto, que está por ahí tirada…?

– Es que no me apetece ahora mami… Ya lo haré mañana. 

– Sí claro, como siempre dices… Al final siempre tengo que acabar haciéndolo yo porque parece que a ti no te molesta….»

Repuesta DP:

– Tu cuarto está hecho un desastre, te será difícil encontrar las cosas (le haces consciente de las implicaciones, sin amenazas ni culpas).

– Es que no me apetece ahora mami… Ya lo haré mañana. 

– ¿Quieres que te enseñe un truco para ordenarlo de forma rápida? (Te ofreces para ayudar, además, le generas curiosidad). 

– ¿Un truco? ¿Qué truco? A ver…

Esa primera vez ordenarás la ropa con él. Los siguientes pasos a seguir serían los de la secuencia anterior. Ten en cuenta que es posible que tengas que ayudarle al principio muchas veces hasta que sea capaz de hacerlo por sí solo. Y también es importante que siempre le recalques las consecuencias naturales de sus actos (luego le será más difícil encontrar la prenda que busca).

  7. Tómate un tiempo muerto

Como hemos visto en apartados anteriores, en momentos de conflicto nos cuesta pensar con claridad porque la parte visceral de nuestro cerebro se apodera del control, tanto en adultos como en niños.

Por eso, una herramienta es fomentar un tiempo de respiro para ambas partes y, así, favorecer que las aguas vuelvan a su cauce. Puedes, incluso, utilizarlo antes de estallar por alguna situación en la que veas que vas a perder el control.

EJEMPLO: Tu hijo ha decidido pintar de colores las aburridas paredes blancas de casa

disciplina positiva - pared pintada

Repuesta convencional:

– «¡Pero qué has hecho! ¡Cómo se te ha ocurrido pintar las paredes de colores! ¡Me vas a matar a disgustos!

– ¿Y no te gusta la casa de colores que he dibujado! Tiene 3 puertas y 4 ventanas.

– Aggggg fjasdkfjaksldf (balbuceas unos gritos ininteligibles).

(Tu hijo se pone a llorar y se forma un gran drama).

Repuesta DP:

(Entras y ves la obra de arte. La sangre empieza a hervirte. Estás apunto de pegar el grito de tu vida. Entonces te acuerdas de la estrategia del «tiempo muerto». Sabes que no es buena idea tomar decisiones en caliente, por lo que dices)

– Madre mía, cómo están las paredes. Mamá va un momento a la habitación a dejar una cosa y ahora vuelve…

(Entonces te tomas tu tiempo para relajarte. Piensas que, en realidad, lo que pasa no es algo de vida o muerte. Bebes agua, haces algunas respiraciones y te pones en su lugar. Lo que quería era experimentar, pero no es consciente de la gravedad que supone pintar las paredes de otro color. ¿Por qué un folio sí y las paredes no? Para ti es evidente, para un niño no tanto. Entonces, te encuentras más calmada. Decides volver al «campo de batalla»).

– ¿No te gusta la casa que he dibujado? Tiene 3 puertas y 4 ventanas y es muuuy grande.

– La casa está muy chula Dani. ¿Pero sabes qué pasa? Que para pintar tenemos que hacerlo en las hojas. Las paredes se pintan con una pintura especial que tienen los pintores.

– ¿Por qué no podemos con estas pinturas mami?

– Porque todas las pinturas que tenemos en casa son para pintar en las hojas. Vamos a limpiar la pared juntos y luego pintamos esa casa en una hoja que te dará mami, ¿de acuerdo?

– ¡Vale!

(Y entonces le das un trapo y le involucras en la tarea de limpiar, aunque no lo haga muy bien).

Esta estrategia del tiempo muerto podría ser válida tanto para niños como para adultos. Si los niños son pequeños, no tiene sentido porque no van a entenderlo. Pero, para niños más mayores, se les puede explicar que hay un espacio en la casa al que pueden ir (SUGERIR, NO OBLIGAR) si se sienten muy alterados, para pasar un rato y sentirse mejor.

  8. En lugar de decirle lo que NO puede hacer dile lo que SÍ puede hacer.

Te propongo algo: fíjate en un día cualquiera cuántos NOes les dices a tus hijos. Y pon un euro en un bote cada vez que digas un NO. Al final de la semana, saca lo que hay en el bote e iros a cenar toda la familia. Podéis hasta invitar a los abuelos 😉

Nos pasamos el día con el NO en la boca: «no pintes en el suelo, no cojas el vaso, no vayas por el borde…» y no somos conscientes de lo poco efectivo que es.

En los talleres para padres de Marisa Molla, hacemos una dinámica que impacta mucho. Sin previo aviso, el que imparte el taller empieza a decir:

No abráis la boca; No os levantéis; No os mováis; No miréis al suelo…

Al momento, dice:

Abrid la boca; Levantaos; Moveos; Mirad el suelo…

Tras esta prueba, se pregunta a los padres por lo que han sentido. La respuesta es unánime:

Las frases encabezadas por un NO incitan a la rebelión (hacer lo contrario a lo que te dicen) mientras que una instrucción dicha en afirmativo incita a la colaboración. 

Conclusión: si quieres que tus hijos colaboren, trata de cambiar las frases al afirmativo. En vez de decirles lo que no pueden hacer diles lo que sí pueden hacer.

EJEMPLO: Situaciones varias del día a día

disciplina positiva ejemplos - no

Ejemplos convencionales: no dejes el plato en el borde; no comas sin lavarte las manos; no te vayas tan lejos que no te puedo ver.

Ejemplos DP: deja el plato más para dentro; lávate las manos antes de comer; ven más cerca para que pueda verte.

No es tan difícil, ¿verdad?

  9. «En cuanto…» en vez de «Si no…»

Esta herramienta parece muy sutil pero esconde una potencia brutal. Para entenderla bien, vamos a ver un ejemplo y luego lo analizamos.

EJEMPLO: Vestirse para poder salir a jugar

disciplina positiva ejemplos - vestir

Repuesta convencional:

– Vamos Dani, vístete para poder salir a jugar.

– No quierroo. Vestirse es un rollo…

– Pues si no te vistes, no vamos al parque.

Repuesta DP:

– Vamos Dani, vístete para poder salir a jugar.

– ¡No quierroo vestirme, quiero ir en pijama!

– Bueno, en cuanto te vistas, nos vamos al parque.

Es cierto que te puede parecer que es casi lo mismo pero, para entenderlo mejor, piensa el efecto que provocan en ti.

  • El primero parece una amenaza, suena a castigo. Si no te vistes, no te permito ir al parque.
  • El segundo, en cambio, es más una consecuencia lógica: «a mí no me importa ir al parque, pero si tú quieres ir, entonces tienes que vestirte.». Le estás poniendo la pelota en su tejado, es su decisión.

Para terminar…

Hasta aquí hemos visto los pilares de la Disciplina Positiva y algunas herramientas. Pero quiero decirte que te he mostrado sólo la punta del iceberg.

La Disciplina Positiva va mucho más allá.

disciplina positiva - iceberg 2

Tiene infinidad de herramientas para ayudarte a reducir los conflictos en casa y mejorar la relación con tus hijos.

Pero recuerda que es imposible hacerlo perfecto. Todos (hasta los más experimentados) somos eternos aprendices de Disciplina Positiva y seguiremos cometiendo errores día tras día. No te castigues por ellos.

La Disciplina Positiva es una dirección a la que apuntar, no un destino que podemos alcanzar. 

Una curiosidad: prueba de la humildad y del espíritu de mejora continua de la Disciplina Positiva (y algo que me sorprendió mucho), es que los coles que están certificados en Disciplina Positiva están obligados a acreditarlo en sus carteles de esta forma:

Disciplina Positiva - Lab School2

Como ves, no dice: «Centros certificados en Disciplina Positiva» sino «Lab School» (escuela laboratorio de Disciplina Positiva). Porque asumen que la Disciplina Positiva es un camino donde apuntar, pero es imposible implementarlo a la perfección en la práctica.

A partir de ahora ponte las gafas de Disciplina Positiva para ver cada situación como una oportunidad de practicar y experimentar. Los momentos duros van a seguir ahí, pero al menos tendrás la certeza de que estás yendo en el rumbo adecuado.

Por último, dales a tus hijos capacidad de decidir, ten en cuenta sus opiniones, involúcralos en la vida familiar y, en especial, no te olvides de recordarles lo mucho que les quieres. Para ti es evidente, para ellos no.

Una cosa más: reduce desde ya mismo los conflictos y mejora la relación con tus hijos por la vía rápida

Entiendo que todo esto de la Disciplina Positiva puede resultar abrumador.

Son muchos los cambios de mentalidad que tienes que hacer y es un proceso que lleva tiempo. Algunos padres empiezan a aplicar los principios de la Disciplina Positiva pero tiran la toalla al poco tiempo por falta de recursos y por no haber interiorizado bien todos los principios. Puede pasar, y más si no tienes a alguien de confianza en quién apoyarte.

Por eso, te ofrezco mi ayuda.

¿Y por qué podrías ayudarme? – Te estarás preguntando.

En primer lugar, porque estoy certificado como formador de padres en Disciplina Positiva por la Positive Discipline Association. Una certificación a cargo de Marisa Moya, la referente de Disciplina Positiva en nuestro país.

disciplina positiva - curso marisa moya
Junto a Marisa Moya, tras certificarme como formador de padres en Disciplina Positiva

En segundo lugar, porque mi chica y yo llevamos aplicando los principios de Disciplina Positiva desde hace tiempo con nuestro hijo Dani y hemos visto los resultados. Los conflictos se reducen, conseguimos que colabore más y que se sienta integrado. Y, en especial, vemos en nuestro hijo valores que para nosotros son fundamentales. Sabemos que navegamos en el rumbo adecuado.

No te digo que los conflictos no existan en casa (sería imposible) pero sí que tenemos herramientas para afrontarlos.

¿Cómo te ayudaré? Lo primero, necesito conocer más de ti y de vuestra situación. Para ello, sólo tienes que pulsar el botón de abajo y completar un breve formulario.

Importante
Para poder ofrecer el mejor servicio, suelo trabajar con muy pocas familias. Por lo que, si te interesa, te recomiendo que no esperes demasiado tiempo. Una vez completes el formulario, te avisaré tanto si resultas seleccionada como si no.


¡Esto es todo! ¿Qué es lo que más te ha sorprendido? Cuéntamelo en los comentarios 😉

 

Preguntas frecuentes

¿Qué es la Disciplina Positiva?

Muy resumido, es un tipo de crianza busca el equilibro entre el autoritarismo y la permisividad.

¿Por qué está tan de moda la Disciplina Positiva?

Es un enfoque que requiere trabajo pero que produce resultados: se reducen los conflictos en casa y aumenta la conexión. Así de simple.

¿Qué herramientas de Diciplina positiva existen?

En el artículo descubrirás las más efectivas y entenderás por qué las herramientas no son lo más importante…

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6 comentarios en “Disciplina positiva: qué es y 9 ejemplos para aplicar desde ya”

  1. Felicidades por el artículo, Albert. Yo estoy aún en la fase previa (embarazada de 8 meses) y adoctrinándome del cambio de chip que requiero para tratar de implementar, en la medida de lo posible esta metodología. Un artículo práctico, didáctica y muy útil, para entender, decidir y convencer que es el camino.

    Responder
    • ¡Hola Sonia! Muchas gracias por tus palabras, de veras. Me alegro mucho de que te haya sido útil. Y me alegro más todavía de que vayas a poder aplicar DP desde el momento en que tu bebé nazca, jeje.

      No es un camino fácil el del cambio de chip y es inevitable seguir cometiendo errores. Lo importante es no castigarnos por ellos. Asumir que los vamos a cometer y aprender de ellos para próximas ocasiones.

      Cualquier cosa que necesites, encantado de poder ayudarte 😉
      ¡Un abrazo!

      Responder
  2. Hola Albert! Muchas gracias por el artículo, no conocía DP y me ha encantado. Si soy sincera yo creo que peco de autoridad pero me preocupa lo que dices de que ahora mi hija tenga de mí esa imagen y me cueste mucho cambiarla… Cuánto tiempo debería tardar si empiezo a usar DP?

    Responder
    • ¡Hola Montse! Gracias por comentar. Tu pregunta no tiene una respuesta sencilla…

      Va a depender de muchísimos factores, me resulta imposible predecir en cuánto tiempo cambiará tu hija esa percepción. Pero tranquila, no será cuestión de años, ni mucho menos 😉 Yo creo que en cuestión de semanas ya puedes empezar a ver cambios pero, como digo, dependerá de miles de factores (carácter de tu niña, si tu pareja sigue el mismo criterio que tú etc.).

      ¡Ya nos vas contando la evolución si quieres!
      Abrazo

      Responder

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