Disciplina Positiva: qué es y 9 ejemplos para aplicar desde HOY

disciplina positiva - gafas

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«La crianza es algo muy sencillo y los padres de hoy en día se complican en exceso.»

Si alguien te ha dicho alguna vez esta frase, permíteme un consejo: desconfía.

Si te involucras en la crianza de tus hijos, encontrarás pocos retos más desafiantes. De hecho, cada vez oigo a más madres y padres decir que criar a sus hijos es el mayor desafío al que se han enfrentado en la vida.

Y no puedo estar más de acuerdo.

Todos (¡todos!) vivimos momentos de tensión y conflicto en casa. Momentos que nos sacan de nuestras casillas y que se prolongan más de lo que nos gustaría. Tratamos por todos los medios de reducir las peleas y de tener buena conexión con nuestros hijos pero no siempre lo conseguimos…

Hasta que te encuentras con algo que lo cambia todo.

Cuando descubres las claves de la Disciplina Positiva, tu visión sobre la crianza cambia por completo. Es como si te hubieras cambiado unas gafas con las que veías borroso por otras con las que ves nítido. No hay color.

Lo que más sorprende de la Disciplina Positiva es que los gritos, los castigos, los premios, las amenazas o los chantajes no tienen cabida.

Puede que estés pensando…

¿Sin gritos, premios ni castigos? ¡Así sólo criaremos niños malcriados acostumbrados a hacer siempre lo que quieran!

Yo también pensaba lo mismo. Parece una utopía pensar que luego tus hijos sean adultos responsables y resolutivos, ¿verdad?

En el artículo de hoy veremos qué es la Disciplina Positiva, por qué los castigos/premios tienen poco sentido, herramientas para aplicar en tu día a día y ejemplos prácticos.

¡Vamos allá!

Aviso importante
Si no tienes la mente abierta a nuevos enfoques de crianza y crees que lo sabes todo, te recomiendo que dejes de leer el artículo ahora mismo. De lo contrario, lo que descubras podría generarte un importante conflicto interno.

 

Pregunta obligada: ¿de dónde ha salido la Disciplina Positiva?

Esta fue la pregunta que me hice al verlo por todas partes. ¿Será algo tan revolucionario como lo pintan?

Después de estudiarlo más a fondo, te digo lo que pienso: sí, lo es. Hasta el punto de que casi todas las respuestas automáticas que tenemos hacia nuestros hijos no sólo no les benefician, sino que les perjudican. Puedes pensar que exagero, pero a lo largo de este artículo cambiarás de parecer.

Al igual que otras filosofías de crianza que ahora están tan de moda, como Montessori, las bases de la Disciplina Positiva fueron concebidas hace más de 100 años por el psiquiatra austríaco Alfred Adler y por su colaborador Rudolf Dreikurs, también psiquiatra y educador.

Años más tarde, la educadora y doctora en psicóloga Jane Nelsen, harta de batallar con sus 5 hijos por los típicos conflictos diarios (peleas entre hermanos, juguetes por recoger, comportamientos desafiantes…) rescató los principios de Adler y Dreikurs. Y gracias a la ayuda de la educadora Lynn Lott y a otros formadores, desarrolló el primer manual de Disciplina Positiva en la década de los 80 (¡ha llovido!).

Este manual ha ido evolucionando con nuevos descubrimientos hasta convertirse, a día de hoy, en un referente tanto para padres como para educadores.

Esta es una de sus frases más conocidas y que transmite la esencia de la Disciplina Positiva:

jane nelsen - disciplina positiva 2

Si no acabas de entender bien a qué se refería Jane, presta atención al siguiente punto…

 

Las 2 necesidades humanas que explican el comportamiento de los niños: pertenencia y contribución

Las investigaciones de los psiquiatras Adler y Dreikurs les llevaron a formularse una pregunta que sentó las bases de la actual Disciplina Positiva.

¿Qué es lo que necesitamos todas las personas en este mundo para sentirnos bien?

Estas fueron sus conclusiones:

1. Sentimiento de pertenencia. Pertenecer a un grupo que garantice nuestra supervivencia.

2. Sentimiento de contribución. Sentir que pueden contribuir en el grupo, que su opinión es escuchada y que pueden ayudar a los demás con sus aportaciones.

En el caso de los niños, el sentimiento de pertenencia consiste en asegurarse de que tienen cerca a alguien que se ocupe de satisfacer sus necesidades (afecto, alimento, protección etc.) y garantizar su supervivencia.

Bien, pues detrás de esto se esconde algo muy potente. Y es que el «mal comportamiento» que tienen los niños es la mejor forma que encuentran de decirnos que:

  • Sienten peligrar su supervivencia (no saben si les sigues queriendo y si podrás o no satisfacer sus necesidades).
  • Creen que no les tenemos en cuenta, que su opinión no nos importa (no se sienten parte de un grupo social en el que pueden aportar y sentirse útiles).

Cuando un niño no se siente «visto» y siente que su opinión no cuenta, puede llegar a pensar que no le quieres (te puede parecer absurdo, pero para ellos tu amor incondicional no es algo que tengan interiorizado).

Y, en estos casos, los niños suelen actuar de «malas maneras», reclamando tu atención de forma desmedida (puede gritar, llorar, amenazarte, ignorarte etc.). De igual forma cuando te pide algo y no se lo concedes. Puede llegar a pensar que no te importa.

disciplina positiva - niño gritando

Entender esto es clave para descifrar el comportamiento de nuestros hijos.

El problema es que esto puede generar un bucle muy negativo. Si nuestra reacción está plagada de amenazas o reproches…

¡Qué pesado eres, no me dejas ni un segundo tranquilo!

¡Si no dejas de gritar, castigado a tu cuarto!

… NO estamos satisfaciendo sus necesidades primarias (pertenencia y contribución) y, cuando esto se repite, acabas por deteriorar su relación contigo:

disciplina positiva - mal comportamiento

Ahora que ya sabes que su mal comportamiento suele venir de esas dudas y miedos acerca de tu amor por él o de que no le tienes en cuenta, te invito a que pienses algo por un momento:

¿Cómo cambiaría tu reacción si, en lugar de patalear y gritar, tu hijo se acercara a ti y te dijera:

«Sólo quiero captar tu atención para saber si me sigues queriendo, porque no lo tengo claro…».

¿Podrías hablarle con gritos y amenazas? Apuesto a que no.

Por eso, a partir de ahora, piensa que cuando tu hijo se «porte mal», necesita saber que estás ahí y que su opinión es importante para ti.

Ok, estarás pensando. ¿Entonces tenemos que dejar que se comporte así y no hacer nada? ¿Ignorarlo? ¿Dejar que se salga con la suya? NO.

En los siguientes apartados veremos cómo actuar. Pero antes vamos a pararnos a reflexionar algo importante…

 

La pregunta que todos los padres deberíamos hacernos: ¿qué tipo de adultos queremos que sean nuestros hijos?

Es una pregunta que te puede parecer obvia, pero párate a pensarla por un momento.

Por lo general, todos los padres nos esforzamos por criar de la mejor manera a nuestros hijos y aspiramos a que de mayores sean adultos:

  • Independientes y autónomos
  • Estables emocionalmente
  • Seguros de sí mismos
  • Generosos y empáticos
  • Colaborativos
  • Humildes
  • Congruentes
  • Cariñosos
  • Luchadores
  • Con espíritu crítico
  • Inteligentes
  • Honestos
  • Sin miedo a expresar sus ideas
  • Etc.

Estoy seguro de que la lista se te hace corta 🙂

Y ahora, piensa si las cosas que estás haciendo a día de hoy con tus hijos van en la dirección de trabajar esas cualidades. Por ejemplo:

  • Para que sean autónomos, tenemos que darles responsabilidades. ¿Dejas que se vistan solos, que pongan la mesa, que te ayuden a cocinar etc. o lo haces todo tú para ganar tiempo?
  • Para que sean respetuosos, tienen que vivir en un ambiente de respeto. ¿Les gritas o les amenazas a menudo si no hacen lo que les pides (comer, lavarse las manos, recoger sus juguetes…)?
  • Para que sean empáticos, tenemos que ponernos en su lugar y entender sus necesidades: ¿Le dices «basta ya de tele» y se la apagas sin mediar palabra?
  • Para que sean seguros de sí mismos, tenemos que generar un buen autoconcepto: ¿Le dices que es un vago y que nunca hace lo que debe? ¿Le dices que es un maleducado? (aunque sea con otras palabras)
  • Etc.

¿Me sigues? Te pongo un símil:

Imagina que te propones cuidar tu salud con dieta y deporte. Pero, en lugar de alimentarte de forma saludable y de hacer ejercicio, comes todos los días en el McDonald’s y pasas las tardes en casa viendo Netflix. No sólo no te estás acercando a tu objetivo, sino que cada día estás más lejos. ¿verdad?

disciplina positiva - rumbo opuesto

Pues eso es lo que hacemos a diario los padres. Queremos que nuestros hijos sean de una forma pero actuamos para que acaben siendo lo opuesto.

¿O qué crees que suele pasar cuando te están diciendo constantemente «no hagas esto», «eres un vago», «haz lo que te digo», «eres un desastre»…? Cuando tu jefe o alguien te habla así, ¿te sientes más motivado o te vienes abajo? Lo más probable es que pierdas la confianza en tus capacidades y dejes de pensar por ti mismo. Buscas la aprobación externa porque tu criterio deja de importar.

Como habrás deducido, nosotros somos sus referentes, las personas de las que aprenden los valores que forjarán su personalidad adulta.

Entonces… ¿Crees que es tu hijo el que debe cambiar su comportamiento o eres tú?

 

Por qué cambiar el foco en tu forma de educar

Marisa Moya, la referente de Disciplina Positiva en España, dice algo que deberíamos grabarnos a fuego:

Si queremos ver resultados favorables en la conducta de nuestros hijos debemos dejar de centrarnos en que cambien ellos. El foco debe apuntarnos a nosotros.

¿Por qué? Porque nosotros tenemos algo que ellos no tienen: un cerebro maduro (al menos en la mayoría de casos 😉 ), con su parte racional bien integrada. Una representación muy simplificada del cerebro humano podría ser esta:

el cerebro del niño - superior-inferior3

Hasta pasados los 3 años de edad, los niños no tienen desarrollada la parte racional que les permite frenar ciertos comportamientos impulsivos que van en contra de las normas sociales (detalle). Y la corteza cerebral no acaba de formarse hasta pasados más de 20 años… ¿Entiendes quién es el que tiene que aportar cordura y racionalidad? Exacto, tú.

¿Y sabes cómo puedes ayudar en el proceso? Con tu propio comportamiento, por el efecto de las neuronas espejo, que hacen que los niños imiten lo que haces, definiendo así sus conexiones neuronales (estudio).

Consejo
Si quieres profundizar en todo el tema del cerebro de los niños y descubrir algunas claves para potenciar su desarrollo, no te pierdas este artículo.

Por eso, la Disciplina Positiva propone un cambio de foco. En lugar de centrarnos en tratar de cambiar la conducta de nuestros hijos únicamente, vamos primero a vernos a nosotros mismos: ¿cómo debería tratarle o comportarme con él para que acabe siendo el adulto que quiero que sea?

Piensa que los niños nacen con un fuerte sentimiento de inferioridad: son más pequeños que nosotros, más débiles, entienden menos el mundo, está todo adaptado a los adultos… Para compensar este sentimiento y sentar unas buenas bases en su desarrollo psicológico, tenemos que mostrarles amor incondicional, afecto y confianza.

Una frase que suele decirse mucho en Disciplina Positiva: primero conexión y después corrección.

Es decir, antes de intentar corregir el comportamiento de tu hijo, tienes que empatizar con él a través de la conexión emocional. Sólo si haces esa conexión emocional (diciéndole que le entiendes, hablándole de sus sentimientos y mostrando afecto) conseguirás un canal de comunicación para que te escuche. De otro modo, su cerebro estará preso de la amígdala que tendrá secuestrada su (inmadura) parte racional.

Si no te queda claro, enseguida veremos ejemplos concretos 😉

Por si fuera poco, algunos estudios con resonancia magnética cerebral sugieren que un enfoque de crianza basado en los principios de la Disciplina Positiva protege a los niños de los efectos del estrés tóxico en su cerebro. No sólo ayuda a tener un cerebro «más saludable», sino que reduce la probabilidad de desarrollar anomalías cerebrales relacionadas con el estrés.

Llegados a este punto, es el momento de abordar los 2 temas que más dudas generan en Disciplina Positiva: los premios y los castigos.

 

Los castigos funcionan, pero no como crees

disciplina positiva - castigos

Si sigues portándote así, nos vamos a casa. 

¡Te he dicho que me hagas caso o te quedas sin postre! 

¡Castigado sin salir de casa hasta mañana!

Los castigos funcionan en muchas ocasiones. Sí.

A corto plazo, es una herramienta que da resultados (los niños te obedecen por miedo a las represalias). Pero seguro que las consecuencias a largo plazo no te gustan tanto…

Imagínate que haces algo mal en el trabajo y tu jefe te dice delante de todos que te vayas a un rincón de la oficina a pensar en lo que has hecho y que vuelvas cuando hayas reflexionado. ¿Cómo te sentaría? Lo más probable es que afloren en ti estos sentimientos:

  • Resentimiento (sentimiento de rabia y dolor por haber sido tratado así).
  • Generan en ti un autoconcepto negativo (tal vez tenga razón y me merezca ser castigado porque soy un desastre).
  • Venganza, porque consideras que ha sido injusto contigo (algún día este ca**ón me las pagará).

¿Te parecen sentimientos positivos? ¿Te animan a mejorar o te desalientan?

Pues lo mismo ocurre con los niños (con el agravante de que su cerebro es mucho más emocional y no pueden darle una visión tan racional como la nuestra).

Los niños quieren hacerlo bien, lo mejor que pueden, pero muchas veces no saben cómo. Su inmaduro cerebro les hace comportarse de forma irracional para nosotros y, en lugar de mostrarnos comprensivos con ellos, les humillamos castigándoles.

Nota: sobra decir que los padres queremos lo mejor para nuestros hijos. Actuamos de cierta forma porque entendemos que es lo mejor para ellos o porque no tenemos más recursos.

La realidad es que con el castigo no estamos resolviendo el problema (el por qué se ha comportado así) sino que estamos poniendo un parche. Es como cuando tienes el colesterol alto y, en lugar de hacer hincapié en que comas mejor y hagas ejercicio, te recomiendan tomar una pastilla. Durante un tiempo volverá a bajar pero, si no has cambiado tus hábitos, ese colesterol aparecerá en cuanto dejes de tomarla.

 

Los premios: la otra cara de la moneda

disciplina positiva - premios

 

Si te portas bien, te daré helado de postre. 

Si acabas los deberes, podrás salir a jugar con tus amigos.

Si apruebas los exámenes, te compraré el juguete que quieres. 

Si lo piensas, la estrategia detrás de los premios es muy similar a la de los castigos, pero en lugar de amenazarles, estamos sobornándoles, esperando que hagan algo que nos interesa (o que vemos bueno para ellos) a cambio de una recompensa.

Pero con los premios estamos haciendo que nuestros hijos hagan las cosas por complacernos, no por su propia motivación interna.

¿Quieres que tu hijo haga las cosas para tenerte contento o porque entiende que son su responsabilidad y que son buenas para él o para el grupo? Si tratas de hacer lo primero, ten por seguro que, cuando no estés controlándole, hará lo opuesto a lo que quieres que haga. Es una de las consecuencias del control, que incita a la rebelión.

Algo muy relacionado con los premios son los elogios que tan inocentemente decimos.

Elogiar es una forma de premiar de forma «no material». Es decir, les premias con tu aprobación. Piensa por ejemplo, en la diferencia que implica «motivar» con respecto a elogiar:

Elogiar Motivar
Qué contento estoy de que hayas ordenado tus juguetes (te adueñas de su logro) Debes estar súper contento con lo ordenados que están tus juguetes (le das el protagonismo al niño)
Es que eres un niño tan bueno… (centrado en la persona) Has sido muy honesto con tus amigos (centrado en la acción concreta)
Te ha quedado genial el dibujo de la casa, casi como te dije que lo hicieras (las cosas están bien si las hace como tú quieres)  Te has esforzado mucho y cada vez te sale mejor (lo importante es el esfuerzo, no el resultado)

Como dice Marisa Moya:

El efecto a largo plazo de la motivación es favorecer la confianza en uno mismo. El efecto a largo plazo de los elogios es favorecer la dependencia en los demás.Marisa Moya

Reconozco que este punto es muy complicado de implementar porque se nos escapan halagos a nuestros hijos sin darnos cuenta (a mí el primero 🙂 ).

Vale, si los castigos y los premios no funcionan y no desarrollan las cualidades que queremos para nuestros hijos… ¿Cuál es la alternativa?

 

Si los premios y los castigos no funcionan… ¿Entonces qué?

Si hay 2 palabras que representan a la Disciplina Positiva y que deberías «tatuarte» son:

  • Firmeza.
  • Amabilidad.

Ante casi cualquier conflicto que tengas en casa, si actúas de esas 2 formas combinadas, tienes buena parte del camino hecho.

disciplina positiva - firmezaFIRMEZA. La firmeza implica ser fiel a tu palabra y a tus decisiones. Si le has dicho algo a tu hijo, debes cumplirlo. Por ejemplo, si le has dicho «hoy tienes que bañarte», luego no puedes ceder a su negativa «Es que estoy cansado» y decir «Ok, lo dejamos para mañana» porque tu palabra se devalúa.

Y no sólo se aplica para situaciones comprometidas, sino para cualquier situación del día a día. La firmeza tiene que ver con ser congruente con tus palabras.

Por ejemplo, si le dices que cuando se acabe la cena le vas a contar un cuento, no puedes faltar a tu palabra. Si no, tu hijo interpreta que «dices una cosa pero haces otra». Por lo que, cuando le digas que haga tal cosa u otra, no te va a tomar en serio.

OJO: No se trata de que tu decisión sea inamovible. Puedes ser flexible siempre que la situación lo permita. Pero no puedes ceder sistemáticamente. Debes ser congruente.

Además, la firmeza también implica ser exigentes con las normas. En cada casa se establecen unas normas de convivencia que todos debemos cumplir, unos límites de respeto que no deben rebasarse. Por ejemplo: no se puede gritar ni pegar. Esto no quiere decir que estos comportamientos no se produzcan (si no viviríamos en la casa de la pradera) pero, cuando haya un conflicto, debemos responder con firmeza (más adelante veremos ejemplos).

¿Sólo con firmeza? No, con firmeza y amabilidad. Ahí está la clave.

 

disciplina positiva - amabilidadAMABILIDAD. Si sólo aplicamos la firmeza, podemos pecar de autoritarismo y perder vínculo emocional. Para eso necesitamos equilibrar la balanza con amabilidad. ¿Cómo se aplica? Retomando el ejemplo de la bañera de antes, en lugar de decirle: «Hoy te bañas y punto» debes mostrarte empático con sus emociones y cariñoso. Por ejemplo: te agachas, le miras a la cara, le coges la mano y le dices: «entiendo que estés cansado y que no quieras bañarte. Pero recuerda que ayer dijiste que hoy te bañarías. ¿Crees que si metemos esos monstruos de goma se hundirán? ¡Vamos a comprobarlo, corre!».

En los siguientes apartados veremos más situaciones como esta para ver cómo puedes aplicar la amabilidad y la firmeza a la vez.

 

¿Qué tipo de líder quieres ser para tus hijos?

Para entender mejor el enfoque que propone la Disciplina Positiva, puede serte de utilidad echar un ojo a los diferentes estilos de crianza.

Cada madre y cada padre tiene su propio estilo de criar. Pero, si pudiéramos simplificar todos los estilos y agruparlos en 4 tipos, serían los siguientes:

disciplina positiva - tipos de crianza

La mayoría de padres que son autoritarios recurren a premios, castigos, chantajes, amenazas etc. porque conocen los problemas de la permisividad y creen que lo mejor para criar unos adultos responsables y seguros es fijar muchos límites:

«Se hace así porque lo digo yo. Y punto»

Y ya hemos visto los problemas que genera este tipo de crianza.

Dato curioso
Ciertos estudios muestran que los niños con problemas de conducta (que se «portan mal» y se resisten a colaborar) tienen más probabilidades de mejorarla si sus padres pasan de una crianza autoritaria a otra basada en Disciplina Positiva.

Sin embargo, otros padres se van al extremo opuesto, la permisividad. Y es igual o más peligrosa que el autoritarismo.

Como han sufrido una crianza autoritaria, creen que lo mejor es que «los niños hagan lo que quieran», que no haya límites. Esto desemboca en lo que algunos llaman «niños tiranos», poco acostumbrados a que se les lleve la contraria, que se creen el ombligo del mundo y que luego tienen serios problemas en sus relaciones sociales.

disciplina positiva - permisividad

La Disciplina Positiva se sitúa en el punto medio entre el autoritarismo y la permisividad, en lo que se conoce como Autoritarismo Democrático. Ya sabes cómo: firmeza y amabilidad a partes iguales. Los padres se convierten en líderes a los que sus hijos respetan, quieren y confían en sus decisiones.

¿Quieres ser un líder autoritario y temido al que sus hijos obedezcan por miedo, sin estar convencidos de lo que propone? ¿O te gustaría ser un líder al que sus hijos siguen porque confían en sus decisiones y respetan?

Si no te gusta cómo están las cosas en casa, está en tu mano cambiarlas. No importa de dónde vengas, si del autoritarismo o de la permisividad. A partir de hoy, puedes empezar a trabajar para ser ese líder que tus hijos necesitan.

Vamos a ponernos manos a la obra.

 

9 herramientas y ejemplos cotidianos de Disciplina Positiva

No nos engañemos. Los padres queremos herramientas que funcionen, que reduzcan los conflictos en casa y que mejoren la relación con nuestros hijos.

Entonces, algunos empiezan a probar algunos «trucos» de esos que han escuchado sobre Disciplina Positiva. Y… ¡Sorpresa! Dicen que no funcionan. ¿Por qué ocurre esto? Por varios motivos.

  • En primer lugar, se han comportado durante años aplicando castigos, premios, chantajes etc. y es imposible cambiar de la noche a la mañana la imagen que tienen sus hijos de ellos.
  • En segundo lugar, es muy posible que hayan aprendido algún truco, sí, pero es habitual que no hayan entendido bien las bases de la Disciplina Positiva, es decir, algunas de las cosas que hemos mencionado antes. Y sin las bases, las herramientas se quedan cojas. Son papel mojado.

Por eso, desde la Disciplina Positiva se insiste mucho en que las herramientas no deberían ser el foco principal. Deben utilizarse una vez los principios estén claros: cuál es la naturaleza de los niños, por qué se comportan como lo hacen, por qué aplicar la firmeza y la amabilidad etc.

Dicho esto, si has llegado hasta aquí, es que vas en serio con esto de la Disciplina Positiva 🙂

Así que ha llegado el momento de que veamos las 9 herramientas (con ejemplos) que más me han impactado y que hemos utilizado en casa con muy buenos resultados. Si has interiorizado los principios anteriores, te aseguro que funcionan.

 

  1. Informa de lo que está por venir

Este punto lo cambia todo… ¿Cuántas veces has salido de casa corriendo, te has llevado a tus hijos de la mano, los has metido en el coche y no les has dicho ni a dónde vais?

Esto, además de no ser muy respetuoso porque no lo estás involucrando en la vida familiar, puede acarrear problemas, como por ejemplo, que ponga resistencia a hacer lo que está previsto porque no estaba mentalizado.

EJEMPLO: La hora del baño

disciplina positiva ejemplos-baño

Repuesta convencional:

– Vamos Dani, es hora de bañarse.

– ¿Hoy? No me apetece… ¡Quiero seguir jugando y tengo hambre!

– ¡Venga, que no tenemos todo el día! Si quieres cenar, antes a la ducha. 

– ¡No quieroooo!

Repuesta DP:

– Esta tarde toca baño Dani, ¿recuerdas? (Se lo dices por la mañana).

– Sí… (lo ideal es que hayáis hecho entre todos un calendario de baño para que sea consciente de la forma más anticipada posible). 

(Llega la tarde…).

– Bueno, llegó la hora del baño. ¿Te acuerdas que lo hemos dicho esta mañana? 

– Sí, pero… Es que estoy cansado y tengo hambre…

– Lo sé, yo también (empatizas con sus sentimientos y le predispones a colaborar). Me cuesta ducharme cuando estoy cansada… Por eso hoy lo haremos muy rápido. 

– Vaaleee. 

Luego vendrá el problema de que no querrá salir 😉

 

  2. Si lo que le vas a decir no te atreverías a decírselo a un adulto, no se lo digas

Esta es una de las formas más rápidas de saber si lo que vas a decir cumple con las bases de la Disciplina Positiva.

Lo que estás a punto de decirle a tu hijo… ¿Serías capaz de decírselo a un adulto? Si no es así, es muy probable que vayas a meter la pata.

EJEMPLO: Comer las verduras

Disciplina positiva ejemplos 4

 

Repuesta convencional:

– Hasta que no te acabes las verduras no te levantes de la silla. Y si no te la comes hoy, la tendrás mañana en el desayuno.

– ¡Me da igual! ¡No me las voy a comer! ¡No me gustan!

– Bueno, pues de la silla no te vas a mover hasta que te lo diga. 

Repuesta DP:

– ¿Por qué no quieres comerte la verdura? (Te preocupas por sus emociones primero).

– No me apetece, es que no me gustan mucho…

(Y aquí puedes preguntarle si las prefiere en otro formato, para llegar juntos a una solución).

– ¿Te parece que les pongamos trozos de jamón o queso por encima?

– ¡Con queso por encima sí!

Si nada de lo anterior le convence, tenéis que llegar a acuerdos. En este caso, sería importante concienciarle de lo necesarias que son las verduras (para ser fuertes y grandes, como los papis) y establecer CON ÉL un calendario de comidas para que sepa de antemano cuándo hay verduras (recuerda la importancia de avisarles de lo que está por venir y de involucrarles en las decisiones para que estén predispuestos a colaborar).

Nota: Si quieres conocer algunos trucos para que tus hijos coman más verduras, no te pierdas este artículo.

 

  3. Propón opciones limitadas

Esta es una de mis favoritas.

Consiste en que le des a elegir entre diferentes opciones que sean válidas como solución. Todas tienen que ser elegibles (no vale que luego le digas que su elección no es posible).

Ya sabes que cuando les dejas decidir a ellos, les estás enviado un mensaje de pertenencia, de que son importantes y de que su opinión cuenta. De nuevo, no se trata de que elijan lo que les de la gana, sino que lo hagan entre un abanico limitado que tú has pensado.

Además, como veíamos en este artículo, estas favoreciendo la función ejecutiva del cerebro, potenciando su desarrollo cognitivo.

EJEMPLO: Hay que irse del parque

Disciplina positiva ejemplos 3

Repuesta convencional:

– Vamos Dani, que ya es tarde y tenemos que ir al supermercado.

– ¡No quieroooo, quiero quedarme en el parque más rato!

– Que no, vámonos ya que es muy tarde y nos van a cerrar el supermercado. ¡No me enfades!

Repuesta DP:

– Dani, recuerda que tenemos prisa, nos tenemos que ir ya (antes le habías avisado de que tenéis que ir al supermercado).

– Joo… Pero yo me quiero quedar más rato…

– Lo sé cariño, yo también me lo estoy pasando genial, pero tenemos que ir al supermercado para comprar la comida. (Ejemplo de amabilidad y firmeza) ¿Nos vamos ya del parque o prefieres tirarte una vez más del tobogán?

– Mmm… ¡Prefiero tirarme del tobogán una vez más! (ahora ya sabe que después del tobogán toca irse y lo ha decidido él, por lo que es más probable que luego colabore).

Otro caso que nos funciona bastante bien cuando llegamos tarde al cole y que está relacionado con opciones limitadas:

(Cuando ya estamos vestidos y listos para ir al cole, pero está jugando con sus muñecos y tiene pinta de no querer moverse).

– Dani, ¿qué muñeco quieres llevarte al cole? (Damos por hecho que nos vamos al cole y le animamos a que elija algo en concreto. Eligiendo ese algo, está aceptando de forma subconsciente que vamos al cole). 

– Mmm, ¡el monstruo verde!

– Ok, cógelo corre, y así le enseñamos al monstruo el parque que hay antes de llegar (también metemos algo de juego).

  4. Aplica el juego y el humor

Cuando quieres transmitirle alguna enseñanza a tu hijo o quieres que haga alguna tarea, los niños suelen prestar especial atención al humor y al juego. De hecho, el juego es la forma que tienen de aprender.

EJEMPLO: Hay que ordenar los juguetes

Disciplina positiva ejemplos 1

 

Repuesta convencional:

– ¿Qué te tengo dicho de los juguetes? Que los recojas cuando los acabes de utilizar… ¡Siempre igual!

– Pues ahora no quiero, después.

– ¡Que no! Ahora mismo, o los guardamos todos y ya no juegas más.

Repuesta DP:

– Con todos los juguetes por medio es imposible jugar bien. ¿Te parece que hagamos un tren con los que ya no vamos a jugar y después los vamos dejando en su caja/cajón como si fuera su estación? Mira cómo lo hago (Y le haces un ejemplo todo lo exagerado que puedas: chuuuu chuuuu).

– ¡Espera, que yo también quiero hacerlo! ¡Que sale mi tren, chu chu!

A nosotros también nos va muy bien hacer una carrera por equipos y que cada uno se encargue de guardar unos juguetes. Le suele motivar mucho 🙂

También podéis acordar una norma que sea: para sacar juguetes nuevos, tenemos que guardar los que están fuera porque sino se mezclan y nos molestan para jugar. Este tipo de normas, lo ideal es que sean por consenso. Para ello, puedes mostrarle al niño la problemática y preguntarle por posibles soluciones. Por ejemplo:

– Dani, menudo desastre de juguetes hay por el suelo, así no podemos jugar bien. ¿Qué podríamos hacer?

– Pues… No sé. Guardarlos para que no molesten (si no se le ocurre, se lo puedes sugerir tú).

– ¡Estoy de acuerdo! Para que no nos vuelva a pasar y poder jugar mejor, ¿te parece que pongamos la regla de sacar nuevos juguetes cuando los demás se hayan guardado?

– Vale, ¿pero lo haremos los dos?

– Sí, yo te ayudaré al principio.

  5. Pregunta antes de acusar

Como veíamos antes, las ordenes y acusaciones son propias del autoritarismo y no suelen dar buen resultado (al menos a largo plazo) si queremos que su conducta cambie.

La mejor forma de conseguir cooperación en nuestros hijos es involucrarles en las soluciones. En este sentido, las preguntas de curiosidad son buenísimas para la resolución de problemas. ¿Por qué? Porque cuando alguien llega a una conclusión por sí mismo en lugar de que se la impongan, integra mejor el aprendizaje y se abre a colaborar.

EJEMPLO: Ha pegado a otro niño

Disciplina positiva ejemplos 2

Repuesta convencional:

– «¡Muy mal, no se pega! ¡Ves ahora mismo a pedirle perdón y nos vamos a casa!

– ¡No quiero! ¡No me ha dejado el juguete!

– Ale, pues andando para casa castigado.

Respuesta DP:

Si estamos delante, cogemos al niño para evitar que siga pegando. Después, aplicamos preguntas de curiosidad:

– ¿Qué ha pasado Dani, por qué le has pegado al nene?

– Porque quería que me dejara el juguete pero él no quería…

(Ahora generamos empatía, así el niño se siente escuchado y atendemos a su parte emocional)

– Ya, es que a ti te gusta mucho ese juguete y querías jugar solo un ratito, ¿verdad?

– Sí, luego se lo devolvía…

(Ahora ya podemos hablarle desde la parte más racional al respecto de lo que ha hecho porque hemos conectado con su parte emocional)

– Pero claro, cuando le has pegado le has hecho daño, ¿verdad? Y por eso se ha puesto a llorar. Cuando te ha pegado a ti otro nene, ¿cómo te has sentido?

– Mal, no me gusta que me peguen.

(Ahora dale la oportunidad de que llegue él a una solución por sí mismo)

– Claro que no, a nadie nos gusta que nos peguen. ¿Qué podrías haber hecho en lugar de pegarle?

– Pues, no lo sé… ¿Dejarle un juguete mío? (Si no se le ocurre, puedes sugerirle ideas)

– Por ejemplo. O pedírselo por favor. Pero hay veces que no te lo dejarán, igual que hay veces que tú tampoco quieres dejar tus juguetes. Puedes jugar a otra cosa o pedírselo más adelante.

– Vale…

(Una buena forma de acabar es con un beso y un abrazo 🙂 ).

Nota: la situación no va a ser tan idílica como te la he planteado. Piensa que, cuando el niño esté en plena rabieta, te puede costar un rato conectar con él y que se relaje. No tengas prisa por resolver el conflicto, consuélale si está muy cabreado y luego ya razonarás. Recuerda: conexión antes que corrección.

 

  6. Deja que hagan las cosas ellos, pero enséñales cómo

Solemos cometer el error de pretender que nuestros hijos hagan una tarea por el simple hecho de decírselo.

La Disciplina Positiva es consciente de que esto no funciona. Y por eso propone una estrategia basada en 4 pasos:

PASO 1: Hazlo tú y que tu hijo vea cómo lo haces.

PASO 2: Hazlo tú y que tu hijo te ayude.

PASO 3: Que lo haga tu hijo y tú le ayudas.

PASO 4: Que lo haga tu hijo y tú le miras.

EJEMPLO: Ordenar su cuarto

disciplina positiva ejemplos - cuarto

Repuesta convencional:

– ¿Cuántas veces tengo que decirte que guardes la ropa de tu cuarto, que está por ahí tirada…?

– Es que no me apetece ahora mami… Ya lo haré mañana. 

– Sí claro, como siempre dices… Al final siempre tengo que acabar haciéndolo yo porque parece que a ti no te molesta….»

Repuesta DP:

– Tu cuarto está hecho un desastre, te será difícil encontrar las cosas (le haces consciente de las implicaciones, sin amenazas ni culpas).

– Es que no me apetece ahora mami… Ya lo haré mañana. 

– ¿Quieres que te enseñe un truco para ordenarlo de forma rápida? (Te ofreces para ayudar, además, le generas curiosidad). 

– ¿Un truco? ¿Qué truco? A ver…

Esa primera vez ordenarás la ropa con él. Los siguientes pasos a seguir serían los de la secuencia anterior. Ten en cuenta que es posible que tengas que ayudarle al principio muchas veces hasta que sea capaz de hacerlo por sí solo. Y también es importante que siempre le recalques las consecuencias naturales de sus actos (luego le será más difícil encontrar la prenda que busca).

 

  7. Tómate un tiempo muerto

Como hemos visto en apartados anteriores, en momentos de conflicto nos cuesta pensar con claridad porque la parte visceral de nuestro cerebro se apodera del control, tanto en adultos como en niños.

Por eso, una herramienta es fomentar un tiempo de respiro para ambas partes y, así, favorecer que las aguas vuelvan a su cauce. Puedes, incluso, utilizarlo antes de estallar por alguna situación en la que veas que vas a perder el control.

EJEMPLO: Tu hijo ha decidido pintar de colores las aburridas paredes blancas de casa

disciplina positiva - pared pintada

 

Repuesta convencional:

– «¡Pero qué has hecho! ¡Cómo se te ha ocurrido pintar las paredes de colores! ¡Me vas a matar a disgustos!

– ¿Y no te gusta la casa de colores que he dibujado! Tiene 3 puertas y 4 ventanas.

– Aggggg fjasdkfjaksldf (balbuceas unos gritos ininteligibles).

(Tu hijo se pone a llorar y se forma un gran drama).

Repuesta DP:

(Entras y ves la obra de arte. La sangre empieza a hervirte. Estás apunto de pegar el grito de tu vida. Entonces te acuerdas de la estrategia del «tiempo muerto». Sabes que no es buena idea tomar decisiones en caliente, por lo que dices)

– Madre mía, cómo están las paredes. Mamá va un momento a la habitación a dejar una cosa y ahora vuelve…

(Entonces te tomas tu tiempo para relajarte. Piensas que, en realidad, lo que pasa no es algo de vida o muerte. Bebes agua, haces algunas respiraciones y te pones en su lugar. Lo que quería era experimentar, pero no es consciente de la gravedad que supone pintar las paredes de otro color. ¿Por qué un folio sí y las paredes no? Para ti es evidente, para un niño no tanto. Entonces, te encuentras más calmada. Decides volver al «campo de batalla»).

– ¿No te gusta la casa que he dibujado? Tiene 3 puertas y 4 ventanas y es muuuy grande.

– La casa está muy chula Dani. ¿Pero sabes qué pasa? Que para pintar tenemos que hacerlo en las hojas. Las paredes se pintan con una pintura especial que tienen los pintores.

– ¿Por qué no podemos con estas pinturas mami?

– Porque todas las pinturas que tenemos en casa son para pintar en las hojas. Vamos a limpiar la pared juntos y luego pintamos esa casa en una hoja que te dará mami, ¿de acuerdo?

– ¡Vale!

(Y entonces le das un trapo y le involucras en la tarea de limpiar, aunque no lo haga muy bien).

Esta estrategia del tiempo muerto podría ser válida tanto para niños como para adultos. Si los niños son pequeños, no tiene sentido porque no van a entenderlo. Pero, para niños más mayores, se les puede explicar que hay un espacio en la casa al que pueden ir (SUGERIR, NO OBLIGAR) si se sienten muy alterados, para pasar un rato y sentirse mejor.

 

  8. En lugar de decirle lo que NO puede hacer dile lo que SÍ puede hacer.

Te propongo algo: fíjate en un día cualquiera cuántos NOes les dices a tus hijos. Y pon un euro en un bote cada vez que digas un NO. Al final de la semana, saca lo que hay en el bote e iros a cenar toda la familia. Podéis hasta invitar a los abuelos 😉

Nos pasamos el día con el NO en la boca: «no pintes en el suelo, no cojas el vaso, no vayas por el borde…» y no somos conscientes de lo poco efectivo que es.

En los talleres para padres de Marisa Molla, hacemos una dinámica que impacta mucho. Sin previo aviso, el que imparte el taller empieza a decir:

No abráis la boca; No os levantéis; No os mováis; No miréis al suelo…

Al momento, dice:

Abrid la boca; Levantaos; Moveos; Mirad el suelo…

Tras esta prueba, se pregunta a los padres por lo que han sentido. La respuesta es unánime:

Las frases encabezadas por un NO incitan a la rebelión (hacer lo contrario a lo que te dicen) mientras que una instrucción dicha en afirmativo incita a la colaboración. 

Conclusión: si quieres que tus hijos colaboren, trata de cambiar las frases al afirmativo. En vez de decirles lo que no pueden hacer diles lo que sí pueden hacer.

EJEMPLO: Situaciones varias del día a día

disciplina positiva ejemplos - no

Ejemplos convencionales: no dejes el plato en el borde; no comas sin lavarte las manos; no te vayas tan lejos que no te puedo ver.

Ejemplos DP: deja el plato más para dentro; lávate las manos antes de comer; ven más cerca para que pueda verte.

No es tan difícil, ¿verdad?

 

  9. «En cuanto…» en vez de «Si no…»

Esta herramienta parece muy sutil pero esconde una potencia brutal. Para entenderla bien, vamos a ver un ejemplo y luego lo analizamos.

EJEMPLO: Vestirse para poder salir a jugar

disciplina positiva ejemplos - vestir

Repuesta convencional:

– Vamos Dani, vístete para poder salir a jugar.

– No quierroo. Vestirse es un rollo…

– Pues si no te vistes, no vamos al parque.

Repuesta DP:

– Vamos Dani, vístete para poder salir a jugar.

– ¡No quierroo vestirme, quiero ir en pijama!

– Bueno, en cuanto te vistas, nos vamos al parque.

Es cierto que te puede parecer que es casi lo mismo pero, para entenderlo mejor, piensa el efecto que provocan en ti.

  • El primero parece una amenaza, suena a castigo. Si no te vistes, no te permito ir al parque.
  • El segundo, en cambio, es más una consecuencia lógica: «a mí no me importa ir al parque, pero si tú quieres ir, entonces tienes que vestirte.». Le estás poniendo la pelota en su tejado, es su decisión.

 

Para terminar…

Hasta aquí hemos visto los pilares de la Disciplina Positiva y algunas herramientas. Pero quiero decirte que te he mostrado sólo la punta del iceberg.

La Disciplina Positiva va mucho más allá.

disciplina positiva - iceberg 2

 

Tiene infinidad de herramientas para ayudarte a reducir los conflictos en casa y mejorar la relación con tus hijos.

Pero recuerda que es imposible hacerlo perfecto. Todos (hasta los más experimentados) somos eternos aprendices de Disciplina Positiva y seguiremos cometiendo errores día tras día. No te castigues por ellos.

La Disciplina Positiva es una dirección a la que apuntar, no un destino que podemos alcanzar. 

Una curiosidad: prueba de la humildad y del espíritu de mejora continua de la Disciplina Positiva (y algo que me sorprendió mucho), es que los coles que están certificados en Disciplina Positiva están obligados a acreditarlo en sus carteles de esta forma:

Disciplina Positiva - Lab School2

Como ves, no dice: «Centros certificados en Disciplina Positiva» sino «Lab School» (escuela laboratorio de Disciplina Positiva). Porque asumen que la Disciplina Positiva es un camino donde apuntar, pero es imposible implementarlo a la perfección en la práctica.

A partir de ahora ponte las gafas de Disciplina Positiva para ver cada situación como una oportunidad de practicar y experimentar. Los momentos duros van a seguir ahí, pero al menos tendrás la certeza de que estás yendo en el rumbo adecuado.

Por último, dales a tus hijos capacidad de decidir, ten en cuenta sus opiniones, involúcralos en la vida familiar y, en especial, no te olvides de recordarles lo mucho que les quieres. Para ti es evidente, para ellos no.

 

Una cosa más: reduce desde ya mismo los conflictos y mejora la relación con tus hijos por la vía rápida

Entiendo que todo esto de la Disciplina Positiva puede resultar abrumador.

Son muchos los cambios de mentalidad que tienes que hacer y es un proceso que lleva tiempo. Algunos padres empiezan a aplicar los principios de la Disciplina Positiva pero tiran la toalla al poco tiempo por falta de recursos y por no haber interiorizado bien todos los principios. Puede pasar, y más si no tienes a alguien de confianza en quién apoyarte.

Por eso, te ofrezco mi ayuda.

¿Y por qué podrías ayudarme? – Te estarás preguntando.

En primer lugar, porque estoy certificado como formador de padres en Disciplina Positiva por la Positive Discipline Association. Una certificación a cargo de Marisa Moya, la referente de Disciplina Positiva en nuestro país.

disciplina positiva - curso marisa moya
Junto a Marisa Moya, tras certificarme como formador de padres en Disciplina Positiva

En segundo lugar, porque mi chica y yo llevamos aplicando los principios de Disciplina Positiva desde hace tiempo con nuestro hijo Dani y hemos visto los resultados. Los conflictos se reducen, conseguimos que colabore más y que se sienta integrado. Y, en especial, vemos en nuestro hijo valores que para nosotros son fundamentales. Sabemos que navegamos en el rumbo adecuado.

No te digo que los conflictos no existan en casa (sería imposible) pero sí que tenemos herramientas para afrontarlos.

¿Cómo te ayudaré? Lo primero, necesito conocer más de ti y de vuestra situación. Para ello, sólo tienes que pulsar el botón de abajo y completar un breve formulario.

Importante
Para poder ofrecer el mejor servicio, suelo trabajar con muy pocas familias. Por lo que, si te interesa, te recomiendo que no esperes demasiado tiempo. Una vez completes el formulario, te avisaré tanto si resultas seleccionada como si no.

 

 


¡Esto es todo! ¿Qué es lo que más te ha sorprendido? Cuéntamelo en los comentarios 😉

 

 

Preguntas frecuentes

¿Qué es la Disciplina Positiva?

Muy resumido, es un tipo de crianza que busca el equilibro entre el autoritarismo y la permisividad.

¿Por qué está tan de moda la Disciplina Positiva?

Es un enfoque que requiere trabajo pero que produce resultados: se reducen los conflictos en casa y aumenta la conexión. Así de simple.

¿Qué herramientas de Diciplina positiva existen?

En el artículo descubrirás las más efectivas y entenderás por qué las herramientas no son lo más importante…

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42 comentarios en «Disciplina Positiva: qué es y 9 ejemplos para aplicar desde HOY»

  1. Felicidades por el artículo, Albert. Yo estoy aún en la fase previa (embarazada de 8 meses) y adoctrinándome del cambio de chip que requiero para tratar de implementar, en la medida de lo posible esta metodología. Un artículo práctico, didáctica y muy útil, para entender, decidir y convencer que es el camino.

    Responder
    • ¡Hola Sonia! Muchas gracias por tus palabras, de veras. Me alegro mucho de que te haya sido útil. Y me alegro más todavía de que vayas a poder aplicar DP desde el momento en que tu bebé nazca, jeje.

      No es un camino fácil el del cambio de chip y es inevitable seguir cometiendo errores. Lo importante es no castigarnos por ellos. Asumir que los vamos a cometer y aprender de ellos para próximas ocasiones.

      Cualquier cosa que necesites, encantado de poder ayudarte 😉
      ¡Un abrazo!

      Responder
  2. Hola Albert! Muchas gracias por el artículo, no conocía DP y me ha encantado. Si soy sincera yo creo que peco de autoridad pero me preocupa lo que dices de que ahora mi hija tenga de mí esa imagen y me cueste mucho cambiarla… Cuánto tiempo debería tardar si empiezo a usar DP?

    Responder
    • ¡Hola Montse! Gracias por comentar. Tu pregunta no tiene una respuesta sencilla…

      Va a depender de muchísimos factores, me resulta imposible predecir en cuánto tiempo cambiará tu hija esa percepción. Pero tranquila, no será cuestión de años, ni mucho menos 😉 Yo creo que en cuestión de semanas ya puedes empezar a ver cambios pero, como digo, dependerá de miles de factores (carácter de tu niña, si tu pareja sigue el mismo criterio que tú etc.).

      ¡Ya nos vas contando la evolución!
      Abrazo

      Responder
  3. Hola. Tengo un hijo de 4 años y estoy intentando aplicar la disciplina sin lágrimas y disciplina positiva, pero me está resultando muy difícil porque a veces me contesta muy mal, contestaciones del tioo: déjame tonta…», me hace burla o me saca la lengua… No sé como afrontar esta situacion sin castigo y sin irme de la sala porque según vuestro criterio, tiene que saber que aunque no sea capaz de controlar su ira, cuenta con mi apoyo y mi cariño.
    Utilizo frases como «debes de estar muy enfadado para contestare así, pero me ponen muy triste tus palabras..». Su actitud sigue siendo la misma.
    ¿Algun ejemplo de qué puedo decirme ene estos casos?. Muchas gracias por tu ayuda.

    Responder
    • Hola Ana,

      En primer lugar, mucho ánimo con la situación. A todos nos cuesta gestionar este tipo de casos.
      Como bien dices, lo primero es hacerle ver que cuenta con tu apoyo y que estás cercana a él porque entiendes su «inmadurez cerebral».

      Cuando te insulta, creo que es bueno que muestres tu malestar y que le digas que te ha molestado o entristecido su comentario. Pero en ese momento, puede no ser oportuno resolver el problema. Es decir, si te insulta porque está fuera de control, va a ser complicado que saquéis algo positivo.

      En esos casos vale la pena distraerlo con otra cosa y abortar el problema en frío. Este suele ser uno de los principales errores que cometemos los padres: tratar de resolver el conflicto en el momento que se está produciendo, cuando estamos todos desbordados emocionalmente.

      ¿Cuándo sería el momento? Cuando el conflicto ha pasado y estáis los 2 de buen humor. Ahí, puedes hablar con él y preguntarle por qué te ha insultado, cómo crees que te ha hecho sentir, cómo se siente él cuando le insultan y qué podemos hacer para que no vuelva a insultar. Después, lo ideal es pactar entre los 2 alguna acción a realizar si alguno de los 2 falta el respecto (ejemplo, pedir perdón y dar un beso). Y si esa acción la propone el niño, mucho mejor. Si no se le ocurre, podemos ayudarles a pensar opciones.

      Por otra parte, si tú reaccionaras fuera de control gritándole porque te insulta (no es el caso), no le estarías dando un buen ejemplo. Y los niños son un reflejo de lo que ven en nosotros. Por eso, ya que tenemos la ventaja de tener un cerebro más maduro, tenemos que tener autocontrol 😉

      En caso de que agrediera a alguien, por ejemplo, lo primero sería impedir que siguiera haciéndolo (cogiéndolo en brazos y llevándolo a otra parte). Luego ya vendría la conversación al estilo de lo que comentaba antes: empatizar con él, hacer preguntas de curiosidad para llegar al fondo de la cuestión y que él mismo se dé cuenta de que pegar no está bien.

      Aunque cada familia establece los límites que considera oportuno, lo ideal es que estén fijados por todos de forma colaborativa y con anterioridad, anticipándonos al problema o una vez se ha producido y hemos vuelto a la calma.

      Espero haberte ayudado.
      ¡Un abrazo!

      Responder
  4. Hola, tenemos un niño de 5 años y un recien nacido en casa.
    Hace tiempo que no me siento cómoda regañando a mí hijo y los resultados… Supongo que actuo como me han enseñado a mí o la sociedad en general. El caso es que e descubierto lo de la Crianza con sentido común y la Diciplina positiva y me habéis abierto los ojos y el corazón.
    Mí pregunta es la siguiente… O mejor dicho mí preocupación es: Intento seguir las pautas para la Diciplina Positiva, però mí marido és muy estricto y autoritario. Como afecta eso al niño? Una madre que lo respeta y entiende y el padre que es todo lo contrario?

    Responder
    • Hola Jèssica, me alegro mucho de que este enfoque te haya abierto los ojos y el corazón 🙂

      Pues… influye mucho que tu pareja tenga un punto de vista tan diferente al tuyo. Los padres solemos ser los modelos de referencia de los niños y, si las formas de crianza no están alineadas, las cosas se complican porque estamos enviando mensajes contradictorios, podemos comprometer nuestra palabra etc. Es decir, tú dices una cosa y tu marido te desacredita porque no está de acuerdo, por ejemplo.

      Lo primero que te diría es que trataras de hacerle ver a tu marido las consecuencias de la crianza autoritaria y que le hicieras reflexionar si es lo que queréis para vuestros hijos. La mayor parte de personas que no confían en otros enfoques es porque creen que la única alternativa al autoritarismo es la permisividad: «que los niños hagan lo que quieran». Aquí la clave es hacerle ver que hay un enfoque diferente a esto, en el cual los padres son exigentes, pero empáticos. Firmes, pero cariñosos.

      Podéis apuntaros a algún taller e ir juntos. Dile que le dé una oportunidad y escuche antes de tomar una decisión. Cada vez más estudios y profesionales de la pedagogía y psicología respaldan este enfoque.

      En el peor de los casos en el que tu marido siga queriendo adoptar su enfoque, puede ser más o menos crítico dependiendo de cuánto tiempo paséis con ellos cada uno. Si tú eres (por ejemplo) la persona con la que pasan el 70% del tiempo, los niños tienen mucho ganado.

      Ten en cuenta también que los niños van a encontrarse durante toda su infancia personas cercanas con enfoques muy dispares. Por ejemplo, en los coles es habitual que se sigan usando premios y castigos y autoritarismo. ¿Quiere decir eso que invalida todo nuestro enfoque de crianza? Ni mucho menos. Pues lo mismo con la pareja. Lo bueno es que con la pareja sí tienes más margen de maniobra. Tenéis que hablar mucho, avanzar poco a poco y, si cada uno lo vais de una forma, al menos llegar a unos mínimos acuerdos.

      Pero esto no es algo de un día… Ya nos vas contando cómo evoluciona el tema y trataremos de ayudarte 😉

      ¡Un abrazo!

      Responder
  5. Hola Albert,
    Soy Anna, madre de un niño de 6 años y de una niña de 3.
    Agradecida de leer tu artículo ya que ofreces soluciones, totalmente con sentido común. Creo es bueno tenerlas presentes y integrarlas para poder acompañar a nuestros hijos.
    Me podrías recomendar libros acerca de la disciplina positiva?
    Muchas gracias y saludos

    Responder
  6. Hola, tengo hijo de 19 meses y estoy separada . Pasa más tiempo conmigo, de momento, yo intento e intentaré y lo lograré la disciplina positiva, pero yo me encargo de todo, lavar,limpiar, comidas , jugar, duchar, disciplina… Con el padre y familia paterna se basan en el juego y el cariño, supongo q es para q el niño esté a gusto ahí sin su Madre. Cuando ve a su Padre se lanza a sus brazos y parece q yo ya no existo y a veces le cuesta volver conmigo. Estoy algo frustrada pq tengo dedicación absoluta a mi hijo , es verdad q a veces me puede el cansancio y las tareas domésticas y me enfado , entonces le riño o algún q otro grito, además de la tensión de la separación.
    Puede q no quiera volver , a veces , conmigo por las riñas o por los límites? De verdad q intento e intentaré evitar riña… Pero tengo q ponerle límites y me mata cunado ve a su Padre se medio olvide d mi …
    Me gustaría saber q hago mal.

    Responder
    • Hola Bárbara,

      Gracias por compartir tu situación. En primer lugar, mucho ánimo. Criar a un hijo sola y tener que lidiar con el desgaste emocional de la separación no es tarea fácil.

      Lo primero que te diría que no fueras dura contigo misma, que trataras de no recrearte mucho en los errores que cometes. Como te decía antes, trata de rebajar la autoexigencia porque ahora mismo todavía estás afectada por las circunstancias.

      Si lo piensas, que estés consultando el tema de la Disciplina Positiva ya es un paso gigantesco para buscar vuestro bienestar (el tuyo y el de tu nene). Desgraciadamente, no todas las familias llegan hasta ese punto.

      En cuanto a lo que comentas, te cuento mis impresiones, por si te ayudan: los nenes pequeños se mueven por el juego y parecen no valorar lo que haces por ellos (cuidados, comida…). Pero eso no quiere decir que, en su subconsciente, ellos sepan que su madre se está ocupando de ellos, aunque no tenga tanto tiempo de jugar.

      Por otra parte, si el papá no pone límites y es muy permisivo, obviamente el niño puede tener cierta predisposición a ir con él. Pero a la larga su relación puede tener problemas (lo que hemos visto en el artículo sobre la permisividad). Si tú eres firme con lo que tienes que ser y te muestras cercana, cariñosa y comprensiva con él, te respetará y construiréis una relación más sana y estrecha.

      El problema que podrías tener es que, fruto de la cantidad de tareas que tienes que hacer, no puedas dedicar tiempo para el juego y la conexión. En tu caso, trataría de reservar un rato al día para jugar los 2 juntos y dedicarle tiempo en exclusiva, como se suele decir.

      También trataría de vigilar que aplicas las cosas que veíamos en el artículo cuando tienes que poner límites: que los anuncias con anterioridad, escuchando sus puntos de vista (aunque aún es muy pequeño) y que, a pesar de poner límites, los pusieras de forma empática, tratando de ser cariñosa y cercana.

      Espero haberte ayudado un poco. ¡Ya nos cuentas qué tal evoluciona!
      ¡Un saludo!

      Responder
  7. Me ha gustado mucho el artículo, creo que ayuda a entender un poquito mejor lo que es la disciplina positiva, pero en algunos de los ejemplos, tu das por hecho que se resuelve contestando con disciplina positiva, y te puedo asegurar que no es así, el tema ducha en mi casa es conflictivo el 99’9% de las veces ya no se qué decir, qué hacer, cómo hacerlo y a esas horas de la tarde/noche cuando tú intentas pedir las cosas bien y no hay respuesta positiva por parte de ellos, al final te posee la niña del exorcista….luego ya en calma intento que entiendan que tenemos que intentar llegar a una solución entre todos, para no acabar siempre igual pero pasan olímpicamente, en fin….Muy difícil esto de educar (mis hijos tienen 7 y 2 años)

    Responder
    • ¡Hola Magdalena!

      Gracias por comentar y contar tu experiencia. En primer lugar, nadie dice que educar sea fácil, ni mucho menos. Ya lo digo al comienzo del artículo: ¡educar a nuestros hijos es de los mayores retos a los que nos vamos a enfrentar!

      Hay una cosa que recalco en el artículo y es que aplicar ciertas herramientas de la noche a la mañana y esperar que funcionen no es realista. No podemos cambiar la percepción que tienen nuestros hijos de nosotros tan rápido, es un proceso que requiere tiempo.

      Por eso, en Disciplina Positiva se dice que las herramientas son la parte final, antes hay que trabajar todo lo demás. Si tratamos de usarlas sin más, no funcionarán. ¿Cuáles son esas cosas? Todo lo que vemos antes de las herramientas, que es «el grueso».

      Y, por otra parte, si venimos de un tipo de crianza muy autoritaria o muy permisiva, hay que hacer un trabajo más intenso para reconducirlo que si partimos con los principios de DP. Y también influye el temperamento del niño, su entorno etc.

      En fin, yo te animo a que lo sigas intentando, los beneficios son ilimitados 🙂
      ¡Un saludo!

      Responder
  8. Hola,
    ¿Podrías por favor aconsejarme un buen libro de Disciplina Positiva donde se vean sobre todo ejemplos prácticos como los de este artículo?
    Gracias!

    Responder
  9. Me ha encantado el artículo. Estoy empezando a querer formarme en este mundo. Soy maestra de infantil y madre de dos niños (3 años y 1 añito). He descubierto que ser madre es mucho más complejo que ser maestra.
    Mi hijo de 3 años está empezando a descubrir sus emociones y a controlarlas. Tiene muchos momentos de frustración.
    Por un lado me gustaría preguntarte qué puedo hacer cuando su maestra me comenta que en clase algún día de porta mal (pegar un empujón o tirar alguna construcción que han hecho los compañeros) sinceramente alguna vez que lo he hablado con él, me dice que en clase de aburre.
    Y por otro lado, me gustaría saber si puedes ayudarme en otra cuestión. Resulta que mi hijo de 3 años es muy activo y tiene mucha energía. Cuando llega a casa hay días que no es capaz de relajarse ni para merendar ni para jugar. Y eso se incrementa muchísimo cuando ese día tenemos una visita (la abuela o su tío). Yo en ese momento me siento con él y le pido que encontremos una solución a su nerviosismo para poder disfrutar de la tarde juntos. Pero no lo consigo. A él siempre le ha relatado leer cuentos y hacer puzzles y alguna vez lo he conseguido pero cuando hay visita es misión imposible.
    Hace poco me senté con él para encontrar una solución a estos dos problemas, pero no conseguí llegar a ningún acuerdo, porque en realidad su expresión verbal aún no es muy madura y no fuimos capaces de entendernos.

    Muchas gracias por tu artículo me gustaría recibir más información.

    Un saludo

    Responder
    • Hola Clara,

      Muchas gracias por tu comentario. Me alegro mucho de que estés en el camino de la DP siendo maestra. Ojalá más maestras como tú la pudieran conocer. Y muy significativa tu frase de «ser madre es más complejo que ser maestra».

      En cuanto a las 2 cuestiones que planteas, en este caso me resulta muy complicado dar consejos sin conocer todo el contexto, me haría falta hacerte bastantes preguntas. Si te parece bien, en unos días te escribo y te comentó de qué forma te puedo ayudar.

      ¡Un abrazo!

      Responder
  10. Excelente artículo, me encanto. Aun no soy madre, espero que pronto pero trabajo con niños y desde ya quiero aplicar estas herramientas.
    Mil Gracias por la información.

    Responder
    • Gracias Tatiana, me alegro de que te haya gustado y de que estés pensando en aplicar la DP antes incluso de ser madre.
      ¡Un abrazo!

      Responder
  11. Hola Albert!
    Muchas gracias por el artículo. Me ha encantado! Es muy claro. Ojalá toda la info en la web fuese así de curada. Felicidades! 👏🏻

    Responder
  12. Buenas, felicitarte por este y todos tus artículos. La manera que tienes de contarlo me tiene atrapada. Estoy en todo este mundo, formándome, documentándome por lo que no desconocia el tema pero aún así todo lo que he leído en esta web me parece muy top, claro, bajado a la tierra, con ejemplos cotidianos…
    ¡Felicidades!

    Responder
    • Gracias Ascen! Me alegro de que lo encuentres útil 🙂 Aplicarlo en el cole supone un reto todavía mayor, asumiendo que los profes tienen que lidiar con 20 o más alumnos. Pero se puede hacer más de lo que creemos.

      ¡Un abrazo!

      Responder
  13. ¡Hola! Coincido con un comentario anterior en que aunque yo ya había leído bastante sobre DP, este artículo me resulta mucho más claro y útil que la mayoría de lo que he leído. Enhorabuena y muchas gracias. En mi caso, soy mamá de una niña maravillosa de 15 meses y desde el principio intento seguir los principios de DP. Pero he de admitir que tras 15 meses hay cosas que aún no tengo interiorizadas. Sobretodo me cuesta mucho distinguir entre motivar/alentar en la práctica en vez del elogiar/alabar. Se me escapan los elogios sin darme cuenta. En fin, hay cosas peores, pero me da rabia no haberlo interiorizado aún. Una cosa que he notado, es que casi todos los ejemplos que encuentro son para niños con los que ya se puede mantener una conversación. ¿Pero qué pasa con un niño que no sabe hablar? ¿Cómo actúo si no quiere vestirse, o cambiarse el pañal, o irse del arenero, o se empeña en meter las manos en la basura,…? No encuentro recursos para niños que aún no entienden de explicaciones o no entienden qué significa «esta tarde» [te tienes que bañar] o «en 10 minutos» [nos vamos del arenero].

    En fin, leeré «la fuente» jeje, como has recomendado más arriba.
    Gracias de nuevo

    Responder
    • ¡Hola Irene!

      Muchas gracias por tus palabras, me alegro mucho de que te resulte útil.

      Lo primero, está genial que te estés preocupando mucho ya desde el principio por la DP. Seguir un enfoque desde inicio facilita mucho las cosas 🙂

      – En cuanto al tema de motivar vs alabar, a mí también me cuesta. Como dices, los elogios se nos escapan sin darnos cuenta. Pero hay cosas más importantes en las que focalizarnos. En este caso, lo que solemos hacer nosotros, es tratar de «reducir» nuestra opinión y ser más neutrales. Por ejemplo, en lugar de decirle «me encanta el dibujo que has hecho», tratar de preguntarle a él: ¿y qué te parece el dibujo? ¿ha quedado como querías? ¡Debes estar súper contento! Sin embargo, no siempre es fácil de aplicar como dices. Pero la idea es esa, tratar de no adueñarnos de su logro para evitar que busque aprobación.

      – En cuanto al tema de hacerle entender, puedes hacerle preguntas simples y que ella te diga sí o no, haciendo tú sugerencias pero haciéndola participar. Cuando sea hora de iros del arenero, le dices: «¿quieres que hagamos un castillo más o nos vamos a casa?». Seguramente te dirá que hagáis el castillo y luego a casa. Una vez finalizado, ya estará más propensa a iros a casa porque lo ha decidido ella.

      – Para el tema del tiempo, por ejemplo, puedes usar la alarma del móvil y decirle que cuando suene tiene que bañarse. O con un reloj de arena, por ejemplo.

      En resumen, para niños más pequeños hay que adaptar ciertos recursos para que sean fáciles de entender para ellos.

      Espero haberte ayudado. ¡Un saludo!

      Responder
  14. Hola! Gracias por compartir este artículo, ha sido de gran ayuda. Me ha hecho abrir los ojos porque tengo dos niños rebeldes, bueno niño y niña, de 3 y 6 años y muchas veces me desbordan las situaciones de conflicto y explotó, y desde luego no es el camino.
    Mi propósito desde hoy es aplicar todo esto y seguro que poco a poco lo conseguimos ☺️
    De nuevo darte las gracias por el artículo y por hacer que me haya llegado al corazón para empezar una nueva etapa.

    Responder
    • ¡Muchas gracias por tus palabras Ana! Me alegro mucho de que estés decidida a aplicar este enfoque. Cualquier cosa que necesites, comenta por aquí y tratamos de ayudarte.

      ¡Un abrazo!

      Responder
  15. Hola!

    Un artículo genial y muy completo, una maravilla. Muchas gracias por compartirlo. Estoy muy de acuerdo en muchas cosas, pero el caso es que en la práctica del día a día, me surge algún problema que no sé cómo resolver.

    Tengo una hija de 18 meses que, de vez en cuando, decide que no quiere salir del ascensor; en otras situaciones (parque, juego, baño…) puedo usar las estrategias del estilo de «un juego más y recojemos» o «cuando te pongas los zapatos bajamos al parque» etc… Pero en la situación del ascensor no, porque no puedo estar ocpuando el ascensor de toda la comunidad 10 minutos hasta que mi hija entienda que tiene que salir, así que, muchas veces, la tengo que acabar sacando en brazos y llorando. Y tampoco me sirve la técnia de negociar con ella, ya que al tener sólo 18 meses, no se acuerda de la negociación de un día para otro…. ¿Alguna sugerencia/ayuda? Gracias!

    Responder
    • ¡Buenas Ana!

      Gracias por tus palabras.

      Te cuento mi visión: en primer lugar, 18 meses es una edad muy temprana y hay que tener algo más de paciencia y expectativas más bajas, porque la parte emocional suele «secuestrar» muy a menudo a la racional (muy precaria todavía) y no es fácil argumentar y dialogar.

      Lo primero que haría yo es tratar de hablar (en la medida de lo posible, está claro que es muy peque) cuando estéis tranquilas en casa. Tratar de poner solución en el propio ascensor difícilmente va a surtir efecto.

      Cuando estéis en casa jugando tranquilas, le preguntas:
      – Cariño, la mamá ha visto que cuando entramos en el ascensor luego te cuesta mucho salir. ¿Por qué te ocurre esto?
      (Con lo pequeña que es, probablemente no saques nada en claro. En ese caso, puedes sugerirle cosas que crees que le pueden pasar: si tiene miedo, si le gusta mucho estar ahí y no quiere irse etc.).

      Supongamos que te dice que le gusta mucho. Pues ahí tú puedes explicarle que «a ti también te gusta» (empatizas con ella) pero que tenemos que salir cuando lleguemos al piso X porque otros nenes quieren subir (por ejemplo).

      (En esta fase lo ideal es contar con su aprobación. Puedes escenificarlo en plan teatrillo para que lo entienda, con el papá por ejemplo. Si después de esta «conversación» parece que le cuadra, la próxima vez te será mucho más fácil que colabore).

      En caso de que no haya más remedio, obviamente la tienes que sacar del ascensor, aunque sea llorando, pero tratando de mostrarte cercana y dándole consuelo. Conectando primero y empatizando con ella: «sé que te gusta mucho el ascensor, pero hay otra gente que quiere subir», por ejemplo.

      Espero que te ayude. ¡Un saludo!

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  16. Muchas gracias por el artículo. Tengo un hijo de 8 años y recién ahora he encontrado este tesoro que haz compartido. Espero no sea tarde. Te comento un poco mi situación. Trabajo y mi madre cuida de mi hijo y aunque sólo es media jornada ella ha influido mucho en la disciplina. Me está costando mucho que tenga hábitos por ejemplo porque el tiempo que está con ella no existen. También ella cede a las rabietas por lo que aunque yo no sigue haciéndolas. Lo he hablado muchas veces pero no está abierta a cambiar. Pondré todo mi esfuerzo por seguir tus consejos para tratar de cambiar la situación sin ser la bruja de la casa

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    • ¡Hola Katy!

      Gracias a ti por comentar y por tus palabras.

      El caso que comentas es muy habitual, tanto en el cole como con otros familiares. Lo que suelo recomendar (que es lo que hemos hecho nosotros) es, lo primero, tratar de exponer a tu madre cómo quieres que sea la crianza de tu hija y qué líneas rojas no se deberían cruzar. Tienes que hacerle ver por qué la actitud permisiva que adopta ella puede acabar perjudicando a su nieta. Explícale cómo, sin quererlo, puede estar haciendo de ella una persona intolerante y acostumbrada a salirse siempre con la suya. Ponle algún ejemplo de otrx amiguitx que tenga muchos problemas con sus padres por culpa de la permisividad.

      En definitiva, tienes que ser capaz de hacerle ver que «no poniendo límites» puede perjudicar mucho a su nieta y cómo cambiar el enfoque puede hacer de ella una persona con muchas más herramientas para afrontar las adversidades. Y darle ejemplos concretos de cómo podría enfocar las situaciones.

      En caso de que sea muy complicado hacérselo entender, no te queda otra que hacerlo lo mejor posible cuando tú estés con ella. Al final tienes el 50% del tiempo y bien usado puede mitigar parte del problema.

      Espero haberte ayudado. ¡Un saludo!

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  17. Me ha encantado el artículo, muchas gracias. Mi peque tiene 5 años, hace 2 años obedece a los demás y a mi no. No me cuadra. Sigo sin entenderlo

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    • ¡Hola Nuria! Gracias por tus palabras. Necesitaría más datos sobre cómo ha sido la crianza de tu peque para poder ayudarte mejor. Si te animas, encantado de darte mi punto de vista 😉

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  18. Hay una frase que me gusta mucho citar… El sentido comun es el menos común de los sentidos… Y no se por qué se nos olvida criar a nuestros hijos con sentido común, si sabemos que al fin y al cabo somos sus espejos… Van a actuar como nosotros actuemos…

    Por eso me ha encantado el artículo, lleno de coherencia y sentido común… Mi mujer se ha iniciado en la disciplina positiva y yo quiero conocer también cosas para formar un equipo en la crianza y educación de nuestros hijos. Tu artículo me ha servido para darme cuenta de la dirección que debo tomar… Y me gusta lo que veo.

    Enhorabuena y gracias por tus consejos, a partir de ahora te digo….

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    • Hola Antonio,

      Muchas gracias por tus palabras. Y me alegro mucho de que estéis los 2 implicados en la misma dirección, formar equipo hará que los resultados sean exponenciales y que uno tire del carro cuando el otro esté más bajo de ánimo 😉

      ¡Mucho ánimo!

      Responder

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